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Huida Silenciosa: La Crisis Emocional que Empuja a Adolescentes a Escapar

En los últimos tiempos, cada vez hay más casos de adolescentes denunciados como desaparecidos tras escapar de sus hogares. La psicóloga y teóloga Yamili

Huida Silenciosa: La Crisis Emocional que Empuja a Adolescentes a Escapar

La creciente ola de adolescentes que escapan de sus hogares ha encendido las alarmas en el país, revelando una problemática subyacente que va más allá de la rebeldía juvenil: la falta de conexión emocional con sus padres. En diálogo exclusivo con Crónica, la psicóloga y teóloga Yamili Awada expuso las causas y consecuencias de este fenómeno, ofreciendo una perspectiva crucial para comprender y abordar la situación.

“Vivimos en una sociedad acelerada, donde los padres estamos constantemente ocupados con nuestras responsabilidades y, sin darnos cuenta, descuidamos el vínculo emocional con nuestros hijos”, afirmó Awada. Esta desconexión, según la especialista, es el germen de muchos problemas que afligen a los adolescentes, incluyendo la fuga de sus hogares. “Si no hay conexión, no hay respeto, no hay admiración, no hay influencia. Los padres pierden la capacidad de guiar y acompañar a sus hijos en esta etapa crucial de sus vidas”, explicó.

La ausencia de un vínculo sólido genera un clima de temor y desconfianza, donde los adolescentes se sienten incomprendidos y solos. En lugar de buscar el apoyo y la orientación de sus padres, recurren a otros lugares, a menudo a personas o situaciones que pueden ser perjudiciales para su desarrollo. “Cuando no existe ese lazo, los chicos temen a sus padres y, en vez de acercarse, escapan y tratan de encontrar soluciones por ellos mismos o en otras personas”, detalló Awada. Esta búsqueda de alternativas puede llevarlos a caer en círculos de amigos negativos, a involucrarse en actividades riesgosas o a experimentar situaciones de vulnerabilidad.

Uno de los errores más comunes que cometen los padres, según la psicóloga, es la creencia de que no se puede ser amigo de los hijos. “La frase ‘no se puede ser amigo de los hijos’ es un error. Necesitamos ser amigos de nuestros hijos, ganarnos su confianza, escucharlos y aconsejarlos”, enfatizó. La amistad, en este contexto, no implica una falta de autoridad, sino una relación basada en el respeto mutuo, la comprensión y la apertura al diálogo. Ser amigo de un hijo significa estar presente en su vida, interesarse por sus inquietudes, compartir sus alegrías y tristezas, y ofrecerle un espacio seguro donde pueda expresarse sin temor a ser juzgado.

Awada destacó la importancia de la comunicación efectiva como herramienta fundamental para fortalecer el vínculo emocional con los adolescentes. “Es crucial que los padres aprendan a escuchar activamente a sus hijos, sin interrumpirlos, sin juzgarlos, sin imponerles sus propias ideas”, explicó. La escucha activa implica prestar atención no solo a lo que dicen, sino también a cómo lo dicen, a su lenguaje corporal, a sus emociones. Permite comprender sus necesidades, sus miedos, sus aspiraciones, y responder de manera adecuada a sus inquietudes.

La especialista también subrayó la necesidad de adaptar el estilo de crianza a las características y necesidades de cada adolescente. “Cada hijo es único y requiere un enfoque individualizado. No podemos aplicar las mismas reglas y expectativas a todos”, señaló. Es importante tener en cuenta la edad, el nivel de madurez, los intereses y las habilidades de cada hijo, y ofrecerle el apoyo y la guía que necesita para desarrollarse plenamente.

En el desafortunado caso de que un adolescente se escape de su hogar, la reacción de los padres es crucial. Awada advirtió sobre la importancia de evitar los castigos y los golpes al momento del regreso. “Cuando el chico vuelva a casa, nunca se debe castigarlos o golpearlos, sino hablar con ellos para entender por qué salieron, por qué se fueron”, aconsejó. La conversación debe ser un espacio de diálogo abierto y honesto, donde el adolescente se sienta seguro para expresar sus motivos sin temor a represalias.

“Practicar la escucha sin juzgarlos es fundamental”, insistió la psicóloga. Los padres deben tratar de comprender la perspectiva del adolescente, sus sentimientos, sus frustraciones, y buscar juntos soluciones a los problemas que lo llevaron a escapar. La fuga, en muchos casos, es una señal de desesperación, un grito de auxilio que los padres deben escuchar atentamente.

Awada concluyó enfatizando que la prevención es la clave para evitar que los adolescentes se sientan impulsados a escapar de sus hogares. “Fortalecer el vínculo emocional con nuestros hijos, crear un ambiente de confianza y respeto, y estar presentes en sus vidas son las mejores herramientas para prevenir este problema”, afirmó. La inversión en la relación con los hijos es una inversión en su bienestar, en su futuro, y en la construcción de una sociedad más sana y equilibrada. La huida silenciosa de los adolescentes es un llamado de atención que no podemos ignorar, una invitación a reconectar con nuestros hijos y a construir un futuro donde el amor y la comprensión sean los pilares fundamentales de la familia.

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