Cuba restableció su red eléctrica tras un apagón masivo que afectó a dos tercios de la isla, pero la crisis energética persiste, exacerbada por las sanciones estadounidenses y la escasez de combustible. La situación ha sumido a la población en cortes prolongados de luz, generando un clima de incertidumbre y malestar social.
El incidente, que comenzó el miércoles a mediodía, fue provocado por una avería en la central termoeléctrica Antonio Guiteras, la principal fuente de energía de Cuba. Según el Ministerio de Energía y Minas, la desconexión fue "inesperada", desencadenando un efecto dominó que dejó sin electricidad a gran parte del país, incluyendo La Habana y otras importantes ciudades. El servicio fue restablecido completamente a las 05H01 de la madrugada del jueves, pero la recuperación total aún está lejos de ser una realidad.
A pesar del restablecimiento inicial, el servicio eléctrico se encontraba restablecido en aproximadamente el 80% de la capital cubana al caer la tarde del jueves, varias zonas de la ciudad aún sufrían interrupciones debido al significativo déficit de generación eléctrica. La raíz del problema, según las autoridades, no reside únicamente en la avería de la central, sino en la "debilidad del sistema eléctrico" debido a la falta de combustible para los generadores de respaldo.
La crisis energética actual se ha intensificado desde que la administración de Donald Trump impuso un bloqueo energético de facto a la isla, tras la destitución y captura del presidente Nicolás Maduro, aliado clave de Cuba, en una incursión estadounidense el 3 de enero. Esta medida incluyó la suspensión de los envíos de petróleo desde Venezuela a Cuba, un golpe devastador para la economía cubana, que dependía en gran medida de estos suministros.
Las cifras oficiales, recopiladas y analizadas por la AFP, revelan una preocupante disminución en la disponibilidad de electricidad en el país. Entre el 1 de enero y el 15 de febrero, la generación eléctrica se redujo en un 20% en comparación con 2025, un año en el que Cuba ya apenas cubría la mitad de sus necesidades energéticas. Esta situación ha llevado a la implementación de cortes programados diarios, que en algunos casos superan las 15 horas en La Habana y se prolongan por más de un día en las provincias.
El sistema eléctrico cubano, basado en una red de termoeléctricas envejecidas, algunas con más de 40 años de operación, es particularmente vulnerable a este tipo de crisis. La falta de inversión en mantenimiento y modernización ha contribuido a la fragilidad del sistema, haciéndolo susceptible a fallas y averías. Desde finales de 2024, Cuba ha experimentado cinco apagones generalizados, lo que evidencia la gravedad de la situación.
La escasez de combustible ha obligado al gobierno de Miguel Díaz-Canel a adoptar medidas drásticas de ahorro, incluyendo la interrupción de la venta de diésel y el racionamiento de la gasolina. Incluso, se han reportado reducciones en algunos servicios de atención hospitalaria, lo que pone en riesgo la salud y el bienestar de la población. Desde el 9 de enero, no ha llegado oficialmente a Cuba ningún tanquero, lo que agrava aún más la crisis.
Washington justifica su política hacia Cuba alegando la "amenaza excepcional" que representa la isla para la seguridad nacional estadounidense, debido a sus relaciones con China, Rusia e Irán. La Habana, por su parte, acusa a Trump de intentar "asfixiar" la economía cubana, sometida a un embargo estadounidense desde 1962, que en los últimos años se ha endurecido con nuevas sanciones.
La situación energética en Cuba es un reflejo de las tensiones geopolíticas y las complejas relaciones entre Estados Unidos y la isla. El bloqueo energético, sumado a la obsolescencia de la infraestructura eléctrica, ha creado una tormenta perfecta que amenaza con sumir a Cuba en una crisis humanitaria. La comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de los acontecimientos, mientras la población cubana lucha por sobrevivir en medio de la oscuridad y la incertidumbre.
La falta de acceso a la electricidad tiene un impacto devastador en todos los aspectos de la vida cotidiana en Cuba. Desde la dificultad para acceder a agua potable y alimentos, hasta la interrupción de las comunicaciones y la imposibilidad de realizar actividades básicas, la crisis energética ha generado un profundo malestar social. La población se enfrenta a largas colas para obtener combustible y alimentos, y la escasez de recursos básicos se agudiza día a día.
El gobierno cubano ha apelado a la solidaridad internacional para hacer frente a la crisis, pero hasta el momento la respuesta ha sido limitada. La comunidad internacional se encuentra dividida sobre cómo abordar la situación, y la presión política de Estados Unidos dificulta la búsqueda de soluciones. La situación exige una respuesta urgente y coordinada para evitar una catástrofe humanitaria en Cuba. La isla necesita urgentemente combustible para mantener sus generadores de respaldo en funcionamiento y garantizar el suministro de electricidad a la población. Además, se requiere una inversión significativa en la modernización de la infraestructura eléctrica para evitar futuros apagones y garantizar la seguridad energética del país.

