Tras el ataque a Chipre, los países europeos se enfrentan a una disyuntiva crucial ante la ofensiva liderada por EE.UU. e Israel contra Irán. La mayoría rechaza la participación directa en la ofensiva, pero refuerza su defensa y busca un equilibrio delicado entre la solidaridad con aliados y la prevención de una escalada bélica mayor.
La ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, que ya lleva seis días en curso, ha forzado a los países europeos a tomar una posición clara. El ataque a una base aérea británica en Chipre ha sido el catalizador que ha empujado a las naciones europeas a reaccionar, mostrando una solidaridad unánime con la isla y prometiendo refuerzos militares para su defensa. Sin embargo, la gran mayoría se ha desmarcado de la ofensiva estadounidense, argumentando que “no es su guerra”.
El presidente español, Pedro Sánchez, se ha erigido como uno de los principales opositores a la ofensiva de Donald Trump, declarando un rotundo “no a la guerra” el pasado martes. España ha denegado el uso de sus bases militares en Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla) para operaciones contra Irán, una decisión que ha provocado la ira de Trump, quien amenazó con bloquear el comercio con España. Sánchez fue tajante al afirmar: “No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo por miedo a las represalias de alguno”. La Casa Blanca, a través de su portavoz Karoline Leavitt, intentó minimizar la situación, asegurando que España cooperaría con el ejército estadounidense, pero estas declaraciones fueron rápidamente desmentidas por el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares.
A pesar de su negativa a facilitar el uso de sus bases, España no permanece inactiva. El Gobierno ha anunciado el despliegue de la fragata Cristóbal Colón al Mediterráneo oriental, integrándose en un operativo conjunto con un portaviones francés y buques de la Armada griega.
Francia, bajo el liderazgo de Emmanuel Macron, parece estar tomando la iniciativa en la formación de un frente defensivo europeo. Macron ha enfatizado que, aunque la guerra “no es nuestra”, Francia tiene “responsabilidades con sus socios” y que la crisis se suma a la ya existente inestabilidad en Ucrania y en el entorno europeo. “Queremos ser fiables, previsibles, y asegurar a nuestros socios: en el Mediterráneo y en la región del Golfo y Oriente Próximo”, declaró el gobierno francés.
En línea con este compromiso, Francia ha autorizado el uso de su base militar 125 de Istres-Le Tubé por parte del ejército estadounidense, pero con la “garantía total” de que los cazas estadounidenses no participarán en la ofensiva contra Irán, según aseguró el jefe del Estado Mayor francés. Macron, mostrando solidaridad con Sánchez frente a las amenazas de Trump, ha afirmado que Francia “no puede aprobar” la ofensiva de EE.UU. e Israel, considerándola “al margen del derecho internacional”. Además, ha enviado una fragata y el portaviones de propulsión nuclear Charles de Gaulle a Chipre, junto con otros activos militares clave.
Macron también ha expresado su preocupación por la situación en Líbano, advirtiendo sobre el riesgo de que el país sea arrastrado a un nuevo conflicto. En su cuenta de X, ha instado a Israel a “no extender la guerra al Líbano” y a los líderes iraníes a “no involucrar más al Líbano en una guerra que no les pertenece”, anunciando al mismo tiempo el refuerzo de la cooperación con las Fuerzas Armadas Libanesas.
Italia, a través de su primera ministra Giorgia Meloni, ha roto su silencio tras cinco días de tensión, declarando que “no estamos en guerra y no queremos entrar en guerra”. Aunque Estados Unidos aún no ha solicitado el uso de bases militares italianas, Meloni ha indicado que cualquier decisión al respecto deberá ser sometida a votación en el Parlamento, y que, en caso de autorización, se limitaría a un uso logístico y no a acciones de guerra. Italia también se ha sumado al envío de ayuda militar defensiva a los países del Golfo, incluyendo equipamiento aéreo, antidrones y antimisiles, además de enviar buques militares a Chipre.
Portugal, por su parte, ha concedido a Estados Unidos la autorización para utilizar su base de Lajes, en las Azores, bajo tres condiciones estrictas: uso defensivo, necesidad y proporcionalidad, y limitación a objetivos militares. El ministro de Estado y Asuntos Exteriores portugués, Paulo Rangel, ha subrayado que el Gobierno portugués “no fue informado” de la intervención militar estadounidense antes de que comenzara, y ha asegurado que “Portugal no va a estar en este conflicto” y que “no va a intervenir en nada”.
El Reino Unido ha anunciado el envío de cuatro aviones de combate Typhoon a Qatar y helicópteros antidrones Wildcar a Chipre. El primer ministro Keir Starmer ha confirmado que su Gobierno ha permitido a EE.UU. utilizar sus instalaciones solo para “operaciones defensivas” que también beneficien al Reino Unido, aclarando que la solicitud estadounidense no llegó hasta el sábado por la tarde, cuando la operación ya estaba en marcha. Starmer ha enfatizado la estrecha relación entre el Reino Unido y Estados Unidos, destacando la colaboración en el despliegue de fuerzas, el intercambio de inteligencia y la protección de bases conjuntas.
Grecia ha respondido al ataque contra Chipre desplegando cazas F-16 y fragatas para apoyar la defensa de la isla, e instalando un sistema de misiles antiaéreos Patriot en la isla de Cárpatos como medida preventiva en el Mediterráneo.
Alemania, a pesar de las presiones, ha descartado la participación militar en la ofensiva, aunque su canciller, Friedrich Merz, defendió los ataques de EE.UU. e Israel contra Irán tras una reunión con el presidente Trump.
Incluso Ucrania, inmersa en su propia guerra contra Rusia, ha anunciado el envío de expertos en defensa antidrones a los países atacados por Irán, aprovechando su amplia experiencia en la materia, ya que los aparatos utilizados por Irán son similares a los empleados por Moscú, como los modelos Shahed 131 y 136.
Bélgica y Países Bajos han expresado su comprensión por el ataque a Irán, pero han manifestado su preocupación por las posibles consecuencias. Austria ha celebrado la posibilidad de que se “abra una ventana para los ciudadanos de Irán”, pero ha insistido en la necesidad de “terminar el ciclo de violencia”. Hungría y Luxemburgo han señalado el impacto de los enfrentamientos en el aumento de los precios del petróleo y de la energía. Finlandia ha criticado la actuación de Estados Unidos fuera del marco del derecho internacional.
La situación sigue siendo fluida y la tensión en Oriente Medio continúa aumentando. La respuesta de Europa, dividida entre la solidaridad con sus aliados y el deseo de evitar una escalada bélica, será crucial para determinar el futuro del conflicto.


