La Habana – El sector turístico cubano, históricamente el pilar fundamental de la economía de la isla, se encuentra en una situación crítica, registrando cifras alarmantes de descenso en la llegada de visitantes internacionales. Los datos revelados este lunes por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) confirman una caída del 5,9% en enero, con un total de 184.833 viajeros, la cifra más baja en al menos 13 años, excluyendo el periodo de la pandemia de COVID-19. Esta debacle se suma a una tendencia negativa que ya se manifestaba en el ejercicio anterior, cuando el país registró las peores cifras desde 2002, también sin considerar los años de restricciones sanitarias globales.
La crisis actual no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una compleja combinación de factores que convergen para estrangular la industria turística cubana. La profunda crisis económica y energética que azota al país es, sin duda, el principal detonante. La escasez de combustible, agravada por un supuesto “asedio petrolero” –calificado como contrario al derecho internacional por la Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas–, ha generado un efecto dominó que afecta a todos los eslabones de la cadena turística. Desde la disponibilidad de transporte interno hasta el funcionamiento de los hoteles y la calidad de los servicios, todo se ve comprometido por la falta de recursos.
La inestabilidad geopolítica en el Caribe también ha jugado un papel importante en el declive del turismo. En enero, varias aerolíneas canadienses y rusas anunciaron la suspensión temporal de sus vuelos a Cuba debido a la escasez de combustible, lo que ha limitado significativamente la capacidad de transporte aéreo hacia la isla. A esto se suman las advertencias emitidas por varios países a sus ciudadanos, recomendando no viajar a Cuba o extremar las precauciones, lo que ha disuadido a muchos potenciales turistas.
El análisis de los mercados emisores revela un panorama desigual. Si bien Canadá y Rusia mostraron un aumento en el número de visitantes, con un 12% y un 31% respectivamente, estos incrementos no son suficientes para compensar las fuertes caídas registradas en otros mercados clave. La comunidad cubana en el exterior, tradicionalmente un importante flujo de turistas, experimentó un descenso de más del 40%, mientras que Estados Unidos, uno de los principales mercados emisores, cedió un preocupante 50,1%. México, Francia, España y Colombia también sufrieron descensos significativos en el número de visitantes.
Las perspectivas para los próximos meses, que coinciden con la temporada alta en la isla, no son nada alentadoras. La persistencia de la crisis energética y la incertidumbre sobre la evolución de las tensiones geopolíticas entre Washington y La Habana amenazan con prolongar la caída del turismo. El Gobierno cubano había fijado un objetivo de 2,6 millones de visitantes extranjeros para 2025, pero las cifras actuales indican que este objetivo es inalcanzable. En 2024, el país recibió poco más de 1,8 millones de visitantes, una cifra inferior a los 2,2 millones de 2023 y los 2,4 millones de 2023.
La situación actual contrasta drásticamente con los máximos históricos registrados en 2018 y 2019, cuando Cuba recibió 4,6 millones y 4,2 millones de visitantes respectivamente. Estos números récord estuvieron ligados al “deshielo” de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba y a la eliminación de restricciones de Washington a los viajes a la isla. Sin embargo, la posterior reimposición de sanciones y la reversión de algunas políticas de apertura han frenado el crecimiento del turismo.
El turismo es un sector vital para la economía cubana, aportando una parte significativa al Producto Interno Bruto (PIB) y generando importantes ingresos en divisas, que se encuentran entre las más importantes fuentes de ingresos del país, junto con los servicios profesionales y las remesas. La debilidad del sector turístico, por lo tanto, tiene consecuencias directas en la capacidad del Gobierno cubano para financiar programas sociales y mantener la estabilidad económica.
La situación de Cuba contrasta con la de otros destinos turísticos del Caribe, como Punta Cana (República Dominicana) y Cancún (México), que están experimentando un auge en el número de visitantes tras la pandemia. Estos destinos se han beneficiado de una mayor estabilidad política y económica, así como de una mejor infraestructura turística y una mayor inversión en promoción.
El futuro del turismo en Cuba es incierto. Para revertir la situación actual, el Gobierno cubano necesita implementar medidas urgentes para abordar la crisis económica y energética, mejorar la infraestructura turística, diversificar los mercados emisores y promover una imagen más atractiva del país. Sin embargo, la persistencia de las sanciones estadounidenses y la falta de acceso a financiamiento internacional dificultan la implementación de estas medidas. La supervivencia del turismo cubano, y con él, una parte importante de la economía de la isla, pende de un hilo.

