La industria ballenera de Islandia ha retomado sus actividades este año, poniendo fin a un paréntesis de dos años en la captura de cetáceos. A través de la empresa Hvalur hf., dos buques balleneros zarparon durante la segunda quincena de junio para dar inicio a una temporada de caza que se extiende hasta el mes de septiembre. Esta decisión se ha producido en un contexto de fuerte tensión social, marcada por la oposición y las manifestaciones de diversas organizaciones animalistas, entre las que destaca Hvalavinir (Amigos de las Ballenas).
El cese de la actividad durante los años 2024 y 2025 estuvo motivado por factores tanto administrativos como económicos. En el año 2024, la entonces ministra de Agricultura, Bjarkey Olsen Gunnarsdóttir, no concedió las autorizaciones necesarias para las capturas antes de la fecha de inicio de la temporada, lo que forzó la suspensión de las operaciones. Posteriormente, durante el año pasado, los buques tampoco salieron al mar debido a que se estimó que la temporada no resultaría rentable desde el punto de vista económico.
A pesar de este periodo de inactividad, la reanudación de la caza ha generado preocupación inmediata. Según datos e imágenes proporcionadas por la Fundación Paul Watson, hasta el pasado 17 de julio ya se han registrado la captura de 22 ballenas. Estas cifras resultan alarmantes para la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), organismo que advierte sobre la situación de vulnerabilidad de los cetáceos, señalando que siete de las 13 grandes especies se encuentran actualmente en su Lista Roja.
La UICN ha sido especialmente enfática al calificar en estado de "peligro crítico" a la población de la ballena franca del Atlántico Norte. Asimismo, ha catalogado a la ballena azul y al rorcual común como "especies amenazadas", factores impulsados tanto por la presión de la caza comercial como por los efectos derivados de la crisis climática global.
Ante estas advertencias científicas, el Instituto de Investigación Marina de Islandia ha recomendado para este verano una reducción del 20% en las cuotas de captura. En consecuencia, se han establecido límites máximos para evitar que se superen los 150 ejemplares de rorcual común y los 168 ejemplares de rorcual aliblanco, también conocido como minke.
En el escenario global, Islandia, Japón y Noruega permanecen como los únicos tres países que autorizan actualmente las capturas comerciales de ballenas. José Luis García Varas, responsable del Programa Marino de WWF España, ha señalado que Islandia y Japón han intentado sostener esta actividad comercial a pesar de no necesitar la carne de ballena como medio de alimentación y a pesar de contar con el posicionamiento contrario de todos los países miembros de la Comisión Ballenera Internacional (CBI).
Según explica García Varas, los estatutos de la CBI contemplan excepciones únicamente para algunas comunidades indígenas de América del Norte, basándose en criterios de soberanía alimentaria, hábitos tradicionales y costumbres culturales. No obstante, el experto sostiene que la comunidad científica rechaza el argumento de la necesidad alimentaria, advirtiendo además sobre riesgos sanitarios significativos debido a la acumulación de metales pesados en especies que poseen una esperanza de vida tan prolongada.
Desde WWF España se reconoce que, si bien algunas poblaciones de ballenas han mostrado signos de recuperación, otras permanecen lejos de un estado saludable y algunas se encuentran en una situación crítica. En este sentido, se destaca la importancia del Mar Mediterráneo como zona vital para diversas especies, ya sea como población residente o como punto estratégico en sus rutas migratorias.
El estrecho de Gibraltar es mencionado como una zona fundamental donde residen poblaciones de calderón gris, calderón tropical y calderones en general, los cuales enfrentan una presión constante debido al intenso tráfico marítimo de la región. Asimismo, se subraya la relevancia del Santuario de Pelagos para cetáceos, un área de 87.500 kilómetros cuadrados situada entre Mónaco, Francia e Italia, que sirve de refugio para poblaciones residentes de cachalotes y rorcuales durante el año.
Finalmente, el transporte marítimo se identifica como una de las amenazas más graves para estos animales. El incremento del tráfico de comercio mundial, junto con los barcos de turismo y los ferrys, ha provocado un aumento en los choques accidentales. Además, la velocidad y la contaminación acústica de las embarcaciones afectan la salud de los cetáceos; el ruido interfiere en sus sistemas de geolocalización, provocando que los jefes de manada se desorienten, lo que se considera una de las causas principales de los varamientos en las costas.


