La tensión entre Washington y Teherán ha alcanzado un nuevo punto crítico tras el lanzamiento de una ofensiva militar por parte de Estados Unidos, dirigida a castigar a la República Islámica por la muerte de soldados estadounidenses en territorio jordano. El conflicto ha tomado un giro alarmante con el bombardeo de infraestructuras civiles esenciales, específicamente plantas desalinizadoras de agua, lo que ha provocado una crisis humanitaria inmediata en varias regiones de Irán.
En una serie de embates coordinados por el Pentágono, fue blanco una planta desalinizadora en la provincia de Hormozgán, acción que ha dejado a más de 10 mil personas sin acceso a agua potable. Asimismo, se reportaron daños significativos en otra instalación similar ubicada en la isla de Qeshm, situada estratégicamente en el estrecho de Ormuz. Estas acciones forman parte de una octava ronda de bombardeos lanzada por las fuerzas estadounidenses durante la madrugada, con el objetivo explícito de "castigar rápidamente" al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica.
Desde el Comando Central (Centcom) se informó que esta ofensiva busca degradar la capacidad de Irán para amenazar el transporte comercial en el estrecho de Ormuz, además de responder a las bajas militares sufridas recientemente. Washington confirmó la muerte de dos militares, la desaparición de uno y la hospitalización de cuatro efectivos tras un ataque de represalia iraní contra la base militar de Muwaffaq Salti en Jordania. Estas pérdidas se suman a un saldo total de 16 soldados asesinados y más de 430 heridos en Medio Oriente desde el inicio de las hostilidades entre Washington, Tel Aviv y la República Islámica a finales de febrero.
Por su parte, la respuesta de Teherán ha sido contundente. El líder supremo de Irán, el ayatollah Mojtaba Jamenei, quien no ha sido visto públicamente desde el inicio de la guerra, advirtió a través de un mensaje escrito que Estados Unidos recibirá "lecciones inolvidables" si persisten los ataques contra el territorio iraní. En el mismo comunicado, Jamenei calificó la ideología y práctica estadounidense como una mezcla de "acoso, totalitarismo y barbarismo".
Como consecuencia directa de la escalada, el gobierno iraní dio por terminados sus compromisos con el memorando de entendimiento firmado hace un mes entre ambas potencias. Jamenei acusó a la Casa Blanca de intentar provocar una guerra con costos elevados y "mayor deshonor", afirmando que Washington ha revelado su "auténtica faz" mediante crímenes y traiciones que demuestran una naturaleza "mentirosa, ilógica, no fiable y vil".
El recrudecimiento de los bombardeos en las últimas tres semanas ha dejado un saldo de 50 muertos y más de 500 heridos en Irán. Además de las plantas de agua, el fuego estadounidense alcanzó la ciudad portuaria de Sirik, en el sur del país, y la ciudad de Hajjiabad, en la provincia de Hormozgán, zona reconocida por sus cultivos de cítricos.
El conflicto ha trascendido las fronteras bilaterales, extendiéndose a otros países del Golfo. Bahréin confirmó haber sufrido ataques iraníes contra instalaciones civiles vitales, mientras que Kuwait reportó embestidas contra una central eléctrica y una planta de desalinización de agua, siendo esta última la segunda en dos días. En Kuwait también fue atacada una instalación petrolera, lo que provocó varios heridos y un incendio.
Ante estos hechos, el Consejo de Cooperación del Golfo condenó las acciones de Teherán contra infraestructuras civiles, calificándolas de "crímenes de guerra". Simultáneamente, los Emiratos Árabes Unidos hicieron un llamado urgente para detener la escalada de violencia en la región.
En medio de este escenario bélico, se registra un movimiento diplomático relevante: el presidente libanés, Joseph Aoun, se ha trasladado a Washington para reunirse con el presidente Donald Trump. El objetivo del encuentro es avanzar en las negociaciones, mediadas por la Casa Blanca, para lograr el retiro de las tropas israelíes del sur de Líbano, territorio ocupado desde la última confrontación con el movimiento proiraní Hezbollah. Esta visita representa la primera vez que un jefe de Estado libanés viaja a Estados Unidos desde el año 2009.

