NUEVA GERONA, Isla de la Juventud – Un taller de agroecología, organizado por la Universidad Jesús Montané Oropesa, ha encendido un debate y una ola de entusiasmo en la comunidad Los Colonos de la Isla de la Juventud. El evento, celebrado en la finca El Alba, no solo aportó conocimientos técnicos sobre prácticas agrícolas sostenibles, sino que también fomentó un diálogo intergeneracional y comunitario que apunta a transformar la producción agropecuaria y, por extensión, la vida en el territorio.
Dirigido por Roelis Castillo Mestre, director del Centro de Estudio de Desarrollo Local y la Innovación, el taller se centró en los principios fundamentales de la agroecología y su aplicación en el contexto socioeconómico actual de Cuba. La jornada cubrió desde los antecedentes históricos de esta disciplina hasta las buenas prácticas que permiten optimizar los recursos, reducir el impacto ambiental y mejorar la calidad de los alimentos.
El interés de los asistentes fue palpable, especialmente en lo que respecta a la elaboración de compost y la implementación de la economía circular. La posibilidad de transformar residuos orgánicos en abono de alta calidad, reduciendo la dependencia de fertilizantes químicos, resonó profundamente entre los campesinos y productores locales. Asimismo, la discusión sobre el intercalamiento de cultivos, una técnica que permite diversificar la producción y mejorar la salud del suelo, generó un debate enriquecedor.
Otro tema clave fue el uso de fuentes renovables de energía en las fincas. La Isla de la Juventud, como muchas otras regiones de Cuba, enfrenta desafíos en el acceso a la energía, y la posibilidad de generar biogás a partir de residuos animales o aprovechar la energía solar para alimentar sistemas de riego se presenta como una alternativa viable y sostenible. El aprovechamiento eficiente de los espacios físicos y la transición hacia el agroturismo también fueron abordados, abriendo nuevas perspectivas para el desarrollo económico de la comunidad.
Reynaldo Cárdenas, un productor jubilado con una vasta experiencia en la elaboración de abonos orgánicos, se ofreció a compartir sus conocimientos con aquellos que deseen aprender sobre esta práctica agroecológica. Su disposición a transmitir su saber a las nuevas generaciones es un ejemplo del espíritu comunitario que impulsa este proyecto. Odelmis Wilson Brooks, delegada de circuncripción, subrayó la importancia de extender estos conocimientos a los vecinos, para que puedan contribuir a la producción familiar y comunitaria desde sus propios patios.
Araime Berrio, vicerrectora de la Universidad, enfatizó la necesidad de realizar un diagnóstico social exhaustivo que identifique los conocimientos existentes, las necesidades de capacitación y las potencialidades locales. Un enfoque participativo y adaptado a las particularidades de cada comunidad es fundamental para garantizar el éxito de cualquier iniciativa de desarrollo sostenible.
Castillo Mestre, por su parte, destacó que el principal reto es cultural: diseñar fincas integrales que incorporen todos estos elementos, lo que redundará en una mayor eficiencia y calidad de los alimentos. La agroecología no se limita a la aplicación de técnicas agrícolas, sino que implica un cambio de paradigma en la forma en que concebimos la relación entre el ser humano y la naturaleza.
Al cierre del taller, surgieron tres ideas de proyectos comunitarios que prometen transformar la realidad de la Isla de la Juventud. El primero, enfocado en la producción de biogás en una finca ganadera, busca aprovechar los residuos animales para generar energía limpia y reducir la dependencia de combustibles fósiles. El segundo, dedicado al cultivo de flores, responde a una necesidad insatisfecha en el territorio y podría generar nuevas oportunidades de empleo e ingresos. El tercero, que propone retomar el proyecto de elaboración de harina de fruta del pan, busca diversificar la oferta de alimentos y mejorar la seguridad alimentaria de la comunidad.
La finca El Alba, donde se desarrolló el taller, forma parte del proyecto Transición Ecológica hacia un Municipio Sostenible en Cuba, una iniciativa ambiciosa que busca impulsar modelos de producción en la cadena ovino-caprina y convertir a la Isla de la Juventud en un referente comunitario en materia de sostenibilidad.
Este proyecto, que involucra a ocho municipios cubanos, es una iniciativa de la Unión Europea, coordinada por la Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, en colaboración con contrapartes nacionales del Ministerio de Economía y Planificación y el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medioambiente, a través de su Centro de Estudios de Desarrollo Local y Comunitario (CEDEL).
El taller de agroecología en la finca El Alba no solo aportó herramientas técnicas, sino que también abrió un espacio de diálogo intergeneracional y comunitario. La disposición de productores experimentados como Cárdenas y la visión inclusiva de líderes académicos como Berrio y Castillo revelan que la agroecología en la Isla de la Juventud se observa, más allá de la producción agrícola, como un proyecto cultural y social, con el propósito de alistar a la comunidad para transformar necesidades en oportunidades, desde un enfoque de sostenibilidad, innovación y participación. La iniciativa representa un paso significativo hacia la construcción de un futuro más próspero y resiliente para la Isla de la Juventud, un futuro donde la agricultura sostenible y el desarrollo comunitario van de la mano. La esperanza florece en los campos de El Alba, alimentada por el conocimiento compartido y el compromiso colectivo.


