La muerte del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, en un operativo militar en Tapalpa, Jalisco, ha desatado una ola de violencia en el estado y en otras regiones de México, poniendo en tela de juicio la seguridad de la sede del Mundial de 2026. El operativo, confirmado por el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, provocó enfrentamientos y actos de vandalismo, incluyendo el incendio de vehículos bloqueando vías de comunicación, en un claro desafío a la autoridad federal.
Jalisco, designada como sede de cuatro partidos del Mundial de 2026, ha sido durante años el bastión del CJNG, una de las organizaciones criminales más poderosas y violentas de México. La caída de “El Mencho”, buscado por la justicia mexicana y estadounidense con una recompensa de 15 millones de dólares, representa un golpe significativo para el cartel, pero también genera temor a una escalada de violencia mientras facciones rivales y sucesores intentan llenar el vacío de poder.
La Administración para el Control de Droga de Estados Unidos (DEA) consideraba a Oseguera Cervantes su principal objetivo, destacando la peligrosidad y el alcance del CJNG, que fue incluso designado como organización terrorista por el gobierno de Donald Trump en 2020. Esta designación, inusual para un cartel de la droga, cambió la dinámica de la investigación estadounidense, permitiendo perseguir cualquier vínculo con el grupo sin necesidad de demostrar una amenaza directa a ciudadanos estadounidenses.
La trayectoria de “El Mencho” es la de un criminal ascendente. Originario de la Tierra Caliente de Michoacán, migró a Estados Unidos en la década de 1980, donde fue detenido por delitos menores antes de involucrarse en el tráfico de drogas y ser deportado a México. A su regreso, se integró a las filas de la policía de Jalisco y posteriormente al círculo de protección de Armando Valencia Cornelio, “El Maradona”, un líder del Cartel de Los Valencia.
Tras la muerte de Ignacio “Nacho” Coronel en 2010, Oseguera Cervantes, junto a su cuñado Abigael González Valencia, “El Cuini”, heredaron parte de la estructura del cartel y fundaron el CJNG. En pocos años, el grupo pasó de ser una banda local a una organización con presencia en más de la mitad del territorio mexicano, especializándose en la producción y distribución de anfetaminas hacia Estados Unidos y Europa, y expandiéndose a otros mercados como Asia.
El crecimiento del CJNG se atribuye a varios factores, incluyendo la captura de líderes de carteles rivales, la contratación de expertos en finanzas y química para la producción de drogas sintéticas, y el uso sistemático de la violencia para eliminar a la competencia. El cartel también ha diversificado sus actividades, invirtiendo en negocios legítimos como la ganadería, la agricultura y la construcción para lavar dinero y expandir su influencia económica.
Además del narcotráfico, el CJNG se ha destacado por su capacidad para corromper a autoridades locales y aduanas, facilitando el ingreso de precursores químicos a través de los puertos de Manzanillo y Lázaro Cárdenas. La extorsión a pequeños y medianos negocios en el oeste de México también ha sido una fuente importante de ingresos para el cartel.
En los últimos años, se han difundido rumores sobre el deterioro de la salud de “El Mencho”, incluso reportes sobre su muerte que nunca fueron confirmados por las autoridades. Expertos sugieren que el líder del CJNG podría haber delegado gradualmente el control de las operaciones a otros miembros de la organización, incluyendo a su hijo, Rubén Oseguera González, quien fue extraditado a Estados Unidos en 2020. Su esposa, Rosalinda González Valencia, también fue detenida y sentenciada por cargos relacionados con el crimen organizado, aunque fue liberada anticipadamente a finales de febrero.
La muerte de “El Mencho” plantea interrogantes sobre el futuro del CJNG y su impacto en la seguridad de México, especialmente en Jalisco, sede del Mundial de 2026. Las autoridades mexicanas y estadounidenses se enfrentan al desafío de desmantelar la estructura del cartel, prevenir una escalada de violencia y garantizar la seguridad de los eventos deportivos internacionales.
Los incidentes reportados en Guadalajara, Puerto Vallarta, Colima, Michoacán y Tamaulipas, con vehículos incendiados y bloqueos de carreteras, son una muestra de la capacidad de respuesta del CJNG ante la muerte de su líder y una advertencia sobre la inestabilidad que podría enfrentar el país en los próximos meses. La comunidad internacional observa con preocupación la situación en México, y la seguridad del Mundial de 2026 se ha convertido en una prioridad para las autoridades de ambos países.
La designación del CJNG como organización terrorista por parte de Estados Unidos ha implicado un cambio en la estrategia de combate contra el narcotráfico, permitiendo a las agencias estadounidenses investigar y perseguir cualquier vínculo con el cartel, independientemente de si existe una amenaza directa a ciudadanos estadounidenses. Esta colaboración bilateral será crucial para desmantelar la estructura del CJNG y prevenir su expansión a otros países.
El gobierno mexicano se enfrenta a la tarea de fortalecer las instituciones de seguridad, combatir la corrupción y mejorar la coordinación entre las diferentes agencias para hacer frente a la amenaza del crimen organizado. La muerte de “El Mencho” es un paso importante, pero no suficiente para erradicar la violencia y la impunidad que azotan a México. La seguridad del Mundial de 2026 dependerá de la capacidad del gobierno mexicano para garantizar un entorno seguro para los visitantes y los participantes del evento deportivo.


