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FALLECE ARREGUI: Guayaquil en Luto Profundo

FALLECE ARREGUI: Guayaquil en Luto Profundo
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Guayaquil llora la pérdida de monseñor Antonio Arregui, una figura clave en la Iglesia Católica ecuatoriana, quien falleció este jueves 5 de febrero de 2026 a la edad de 86 años. El exarzobispo de Guayaquil, de origen español, deja tras de sí un legado imborrable marcado por su compromiso con los más necesitados y su incansable labor pastoral en la ciudad y en todo el país. Su muerte ha generado una profunda conmoción entre feligreses, autoridades y la sociedad civil, quienes recuerdan con gratitud su liderazgo, su cercanía y su defensa de los valores cristianos.

Monseñor Arregui nació en España y llegó a Ecuador en 1963 como misionero. Rápidamente se integró a la vida religiosa del país, destacándose por su dedicación y su capacidad para conectar con la gente. Su trabajo inicial se centró en la evangelización y la formación de laicos, pero pronto se involucró en proyectos sociales que buscaban mejorar las condiciones de vida de las comunidades más vulnerables.

En 1989, fue nombrado arzobispo de Guayaquil, cargo que ocupó hasta su jubilación en 2015. Durante sus 26 años al frente de la Arquidiócesis, impulsó una serie de iniciativas que transformaron la realidad social de la ciudad. Fundó hospitales, escuelas, centros de capacitación y programas de asistencia social para personas sin hogar, niños de la calle, ancianos y personas con discapacidad.

Uno de sus proyectos más emblemáticos fue la creación de la "Fundación Esperanza", una organización sin fines de lucro que brinda atención integral a personas en situación de riesgo social. La fundación, que sigue activa en la actualidad, ofrece servicios de salud, educación, alimentación y vivienda a miles de personas cada año.

Monseñor Arregui también fue un defensor incansable de los derechos humanos y la justicia social. Alzó su voz contra la corrupción, la desigualdad y la violencia, y promovió el diálogo y la reconciliación entre los diferentes sectores de la sociedad. Su postura crítica le valió el reconocimiento de organizaciones nacionales e internacionales, así como el respeto de la opinión pública.

Durante su mandato, la Arquidiócesis de Guayaquil experimentó un importante crecimiento en número de feligreses y en actividades pastorales. Monseñor Arregui fomentó la participación de los laicos en la vida de la Iglesia y promovió la formación de líderes comunitarios. También impulsó la renovación de las parroquias y la creación de nuevos espacios de encuentro y oración.

Su estilo de liderazgo se caracterizó por la sencillez, la humildad y la cercanía con la gente. Siempre estuvo dispuesto a escuchar a los demás, a comprender sus problemas y a ofrecerles su apoyo. Su carisma y su capacidad para inspirar a otros lo convirtieron en un referente moral y espiritual para miles de personas.

Tras su jubilación, monseñor Arregui continuó trabajando en proyectos sociales y pastorales, aunque ya no desde el cargo de arzobispo. Se dedicó a escribir libros y artículos sobre temas religiosos y sociales, y a dar charlas y conferencias en diferentes lugares del país. Su último libro, publicado en 2024, se titula "La esperanza en tiempos difíciles" y es una reflexión sobre el sentido de la vida y la importancia de la fe en un mundo convulso.

La noticia de su fallecimiento ha provocado una ola de mensajes de condolencia de parte de autoridades gubernamentales, líderes religiosos y representantes de la sociedad civil. El presidente de la República, en un comunicado oficial, expresó su "profundo pesar" por la pérdida de monseñor Arregui y resaltó su "invaluable contribución" al desarrollo social y espiritual de Ecuador.

El arzobispo de Guayaquil, monseñor Luis Gerardo Cabrera, también se pronunció sobre el fallecimiento de su predecesor, destacando su "legado de amor y servicio" y su "ejemplo de fe y entrega". Anunció que se organizará una misa solemne en su memoria en la Catedral Metropolitana de Guayaquil, donde se espera la asistencia de miles de feligreses.

El cuerpo de monseñor Arregui será velado en la Catedral Metropolitana, donde los fieles podrán presentar sus respetos. El funeral se realizará el sábado 7 de febrero en el Cementerio General de Guayaquil. Se espera que la ceremonia sea un acto multitudinario, en el que se rendirá homenaje a uno de los personajes más importantes de la historia reciente de la Iglesia Católica en Ecuador.

Su legado perdurará en las obras sociales que impulsó, en los valores que promovió y en el ejemplo de vida que dejó a todos aquellos que tuvieron la oportunidad de conocerlo. Monseñor Antonio Arregui será recordado como un hombre de fe, un pastor de almas y un defensor de los más necesitados. Su muerte representa una pérdida irreparable para la Iglesia Católica y para la sociedad ecuatoriana, pero su espíritu seguirá vivo en el corazón de quienes lo amaron y lo admiraron. La ciudad de Guayaquil, en particular, lamenta profundamente la partida de este gran hombre que dedicó su vida a servir a los demás. Su nombre quedará grabado en la memoria colectiva como un símbolo de esperanza, solidaridad y amor al prójimo.

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