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¡Suecia frena la era digital! ¿El futuro sin pantallas?

En Suecia, las escuelas han disminuido el uso de herramientas digitales y han retomado la utilización de libros impresos, la [...]The post Por: Luis De Stefano Beltrán, PhD (*) y Ernesto Bustamante, PhD (**) / Vuelta a lo básico en educación appeared first on La Razón.

¡Suecia frena la era digital! ¿El futuro sin pantallas?

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Suecia da un giro radical en su política educativa, priorizando el aprendizaje analógico sobre la digitalización masiva en las aulas. Esta decisión, apodada “vuelta a lo básico”, responde a una creciente preocupación por el declive en el rendimiento académico de los estudiantes, especialmente en lectura y comprensión, a pesar de la inversión y proliferación de herramientas tecnológicas en las escuelas. Tras dieciséis años de haber abandonado los libros de texto impresos, el gobierno sueco ha reconocido la necesidad de rectificar el rumbo, reintroduciendo libros, la escritura a mano y ejercicios con lápiz y papel como pilares fundamentales de la educación.

La medida no implica una eliminación total de la tecnología, sino una reevaluación de su papel en el proceso de aprendizaje. La creciente evidencia científica sugiere que el uso excesivo de dispositivos digitales, particularmente laptops, podría estar teniendo un impacto negativo en el desarrollo cognitivo de los estudiantes. El neurocientífico Jared Horvath, en sus investigaciones, ha demostrado que consumir información a través de pantallas se asocia con menor rendimiento académico, atención dispersa y una disminución del pensamiento analítico.

Horvath señala un cambio preocupante en las tendencias de inteligencia. Durante el siglo XX, Occidente experimentó un progreso generacional sostenido, con cada generación superando en aproximadamente seis puntos de IQ a la anterior. Este avance se atribuía a una mejor educación y a un mayor tiempo dedicado al aprendizaje formal. Sin embargo, a partir del año 2000, esta tendencia se ha revertido. La Generación Z, por primera vez en la historia, muestra puntajes más bajos que sus padres en áreas clave como lectoescritura, aritmética, creatividad y IQ general. Los primeros datos de la Generación Alfa, nacidos después de 2012, indican que esta “recesión cognitiva” no solo persiste, sino que se está acelerando.

Los resultados del examen PISA reflejan esta tendencia alarmante, con caídas de hasta 67 puntos en los últimos 14 años, especialmente en los países más desarrollados. Si bien existen diversas teorías para explicar esta situación, desde el impacto de los teléfonos inteligentes y las redes sociales (que fomentan el sedentarismo y el aislamiento social, según Jonathan Haidt) hasta la medicalización excesiva de la infancia y la sobreprotección de los niños frente a las dificultades, Horvath argumenta que el factor más relevante ha sido la transformación de la Tecnología Educativa.

Lo que comenzó como una herramienta para nichos específicos se ha convertido en una industria global multimillonaria, integrada en casi todos los aspectos de la educación infantil. En Estados Unidos, más del 50% de los estudiantes utiliza computadoras en la escuela entre una y cuatro horas diarias, y aproximadamente una cuarta parte dedica más de cuatro horas a estos dispositivos durante una jornada escolar estándar de siete horas. Sin embargo, las investigaciones revelan que menos de la mitad de este tiempo se dedica efectivamente al aprendizaje, y los estudiantes pueden distraerse hasta 38 minutos por cada hora de uso de computadoras en el aula.

Esta situación está siendo impulsada por empresas tecnológicas multinacionales que han optimizado la recopilación de datos y la maximización del tiempo frente a pantalla entre los estudiantes. Muchas plataformas educativas registran el comportamiento de los usuarios, elaboran perfiles a largo plazo y aplican diseños orientados a incrementar la interacción digital, utilizando estrategias similares a las empleadas en aplicaciones como TikTok o Instagram.

Horvath explica que la diferencia entre leer un texto impreso y leerlo en una pantalla radica en la forma en que el cerebro procesa la información espacial. El hipocampo, área clave para la memoria, genera un mapa mental del entorno y vincula cada nuevo aprendizaje a una ubicación tridimensional concreta dentro de ese mapa. Cuando se lee un libro, las palabras ocupan posiciones físicas definidas, lo que facilita recordar dónde surgió una idea, incluso si no se retiene el contenido exacto. En cambio, el texto digital carece de esta estabilidad espacial; al navegar por documentos en computadoras o dispositivos móviles, una palabra puede aparecer en diferentes ubicaciones de la pantalla, dificultando la creación de un punto fijo de referencia y, por lo tanto, la consolidación de la memoria.

La decisión de Suecia plantea un debate crucial sobre el futuro de la educación y el papel de la tecnología en el aprendizaje. ¿Es relevante esta experiencia para otros países, como Perú? El Ministerio de Educación peruano considera que la digitalización es clave para cerrar brechas educativas y mejorar los resultados en pruebas como PISA. Sin embargo, la evidencia científica sugiere que una digitalización indiscriminada podría agravar los problemas existentes, ya sea por distracción o por deterioro cognitivo.

La política actual peruana se centra en la expansión de la infraestructura tecnológica en las escuelas y en la capacitación de los docentes en el uso de herramientas digitales. Si bien estas iniciativas son importantes para reducir la brecha digital, es fundamental considerar los posibles efectos negativos del uso excesivo de pantallas en el desarrollo cognitivo de los estudiantes.

En consecuencia, sería prudente que el próximo gobierno peruano encomiende al Ministerio de Educación una revisión exhaustiva de las políticas educativas actuales, tomando en cuenta la evidencia científica disponible y las experiencias de otros países como Suecia. Es necesario encontrar un equilibrio entre el uso de la tecnología como herramienta de apoyo al aprendizaje y la importancia de fomentar habilidades fundamentales como la lectura, la escritura y el pensamiento crítico a través de métodos tradicionales. La “vuelta a lo básico” sueca podría ser una lección valiosa para Perú, recordándonos que la tecnología no es una panacea y que el desarrollo cognitivo de los estudiantes requiere un enfoque integral que priorice el aprendizaje significativo y el bienestar mental.

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