Frank Abel Álvarez, el experimentado lanzador pinareño, ha regresado a los entrenamientos con la selección cubana en el Estadio Latinoamericano, preparándose para la Serie de las Américas en Venezuela, un torneo crucial como antesala al Clásico Mundial de béisbol en marzo. Su regreso no es solo deportivo, sino una historia de resiliencia y compromiso con su país, tras superar una desafiante lesión que amenazó con truncar su carrera.
El entrenamiento de hoy fue un claro reflejo de la dedicación de Álvarez. Bajo el sol oblicuo, el derecho trabajó con precisión, recuperando sensaciones y afinando su mecánica de lanzamiento. No se trata de una carrera contra el tiempo, sino de una reconexión con la pelota, una búsqueda de la forma perdida tras meses de silencio competitivo.
“Gracias a Dios me siento perfectamente”, declaró Álvarez en exclusiva a Prensa Latina, con una serenidad que contrasta con la gravedad de su reciente percance. En abril pasado, mientras vestía el uniforme de los Guerreros de Oaxaca en la Liga Mexicana, sufrió una ruptura parcial del flexor común, una lesión que lo mantuvo alejado de los diamantes durante un largo período. Sin embargo, su tono es optimista, transmitiendo la confianza de un atleta que ha superado obstáculos.
La recuperación ha sido un proceso meticuloso, liderado por los médicos del equipo nacional en el hospital Frank País. “Hemos trabajado muy bien con los médicos del equipo nacional… en el hospital Frank País hemos hecho un trabajo muy bueno en mi recuperación y gracias a Dios estamos muy en forma”, afirmó. Cada palabra suya resuena como una victoria personal, un inning ganado contra las adversidades físicas.
Álvarez cuenta con una valiosa experiencia internacional, habiendo pasado tres temporadas en Japón con los Dragones de Chunichi. Allí aprendió la disciplina y la meticulosidad características del béisbol oriental, conocimientos que ha incorporado a su juego. A su regreso a Cuba, recibió varias ofertas profesionales, pero priorizó su compromiso con la selección nacional.
“Estoy a disposición de Cuba, que es lo más importante”, reiteró con convicción, dejando claro que su prioridad es representar a su país. La Serie de las Américas, que se disputará del 5 al 13 de febrero, será su primer desafío, un escenario ideal para ajustar su forma física y prepararse para el Clásico Mundial. El cuerpo técnico ha definido su rol como relevista, un puesto en el que se espera que aporte su experiencia y versatilidad.
“Cada torneo es un reto… creo que vamos a estar ahí en el área de relevo. Un out, dos outs, dos entradas, lo que haga falta. Lo más importante es hacer el trabajo”, explicó Álvarez, demostrando su disposición a asumir cualquier responsabilidad. No busca protagonismo, sino cumplir con su función dentro del equipo.
Su versatilidad lo convierte en una pieza valiosa para el equipo. Está preparado para actuar como relevo largo, corto, e incluso como cerrador, adaptándose a las necesidades del juego. “Podemos hacer todas las funciones… está la salud, que estamos bien y podemos hacerlo”, aseguró. Esta frase, aparentemente simple, encierra un significado profundo para Álvarez, quien ha reconquistado su salud y su capacidad para lanzar.
En la temporada doméstica, Álvarez demostró su buen estado de forma con los Vegueros de Pinar del Río, donde lanzó siete entradas sin permitir carreras limpias y recetó siete ponches. Antes de su lesión, había disputado tres Series Nacionales, donde demostró su carácter y su temple competitivo. La lesión, paradójicamente, pulió su paciencia y su determinación.
El entrenamiento en el Latinoamericano ha sido “muy dinámico”, con métodos innovadores y cargas de trabajo diferenciadas, bajo la dirección del colectivo técnico. Sin embargo, Álvarez destaca la importancia de la confianza que le brindan sus entrenadores, Germán Mesa y Noelvis Gonzáles.
“Para el pelotero lo más importante siempre es la confianza que te brinda un director… Germán Mesa y Noelvis Gonzáles nos dan la confianza plena, que salgamos a jugar béisbol. Esa es la única preocupación: jugar”, expresó con gratitud. En su voz no hay sumisión, sino reconocimiento al apoyo recibido. Jugar libremente, para un lanzador, es la máxima expresión de disciplina.
Álvarez también mencionó con respeto al profesor Cortina, quien jugó un papel fundamental en su proceso de recuperación en Pinar del Río. “Siempre mi respeto y un orgullo… gracias a Dios lo tenemos con salud, con vida, que es lo más importante”, afirmó. Esta frase trasciende el ámbito deportivo, reflejando su gratitud por la vida y la salud.
Al despedirse, Álvarez habló en plural, enfatizando la importancia del equipo nacional. “El equipo nacional es lo más importante, es lo que vamos a defender donde sea, contra quien sea… es Cuba entera, no es un pelotero, es todo el mundo… y ya tú sabes, a pelear”, declaró con fervor.
Frank Abel Álvarez no promete victorias, sino entrega y compromiso. Su brazo no busca la gloria personal, sino sostener a Cuba, capítulo a capítulo, defendiendo una historia, una fe y una manera de seguir creyendo en el béisbol y en el futuro de su país. Su regreso es un símbolo de esperanza para los aficionados cubanos, que ven en él un ejemplo de perseverancia y amor por la camiseta nacional.


