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Trump al borde del abismo: ¿El fin de una era?

La retirada parcial de Trump en la aplicación de las leyes migratorias en Mineápolis es un problema creado por él.

Trump al borde del abismo: ¿El fin de una era?

La presidencia de Donald Trump se encuentra en una encrucijada crítica tras una serie de eventos trágicos y una creciente reacción pública contra sus políticas migratorias de línea dura. Los recientes asesinatos de Alex Pretti en Mineápolis y Renée Good dos semanas antes, han desatado una tormenta política que amenaza con socavar el núcleo de su base de apoyo y poner en peligro su futuro político.

Durante mucho tiempo, la estrategia de Trump en materia de inmigración se ha basado en la retórica incendiaria, las promesas exageradas y una constante demonización de los inmigrantes, especialmente aquellos en situación irregular. Esta táctica, que le resultó efectiva para ganar las elecciones de 2016 y 2024, se ha visto ahora empañada por la violencia y la percepción de una aplicación de la ley cada vez más brutal y descontrolada.

El ascenso de Trump en 2024, aunque impulsado por preocupaciones económicas, también se alimentó de la frustración pública con la inmigración. La administración de Joe Biden, con su política de fronteras más permeables, proporcionó a Trump el combustible necesario para explotar este tema volátil durante la campaña. Sin embargo, Trump no se limitó a criticar las políticas de Biden; recurrió a la desinformación, afirmando falsamente que otros países estaban vaciando sus cárceles para enviar criminales a Estados Unidos.

Sus promesas centrales de campaña, cerrar la frontera y llevar a cabo la mayor deportación masiva en la historia, eclipsaron incluso su compromiso de combatir la inflación. Trump prometió librar al país de los inmigrantes indocumentados violentos, pero rápidamente amplió su objetivo para incluir a cualquier persona que hubiera cruzado la frontera ilegalmente, sin importar su tiempo de residencia o su historial.

Esta política, desde el principio, se consideró inviable. Ahora, está resultando ser su perdición. Si bien su llamado a reforzar la seguridad fronteriza contó con un amplio apoyo público, y la promesa de deportar a criminales violentos también resonó en muchos estadounidenses, pocos anticiparon la brutalidad de las tácticas que autorizaría para cumplir estas promesas.

El despliegue de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) armados y enmascarados en ciudades estadounidenses, en lo que se ha descrito como un asalto virtual, ha generado indignación y temor. Trump, a diferencia de otros presidentes como Barack Obama, quien también llevó a cabo deportaciones significativas pero sin recurrir a tácticas de intimidación masiva, no ha mostrado límites en su enfoque.

La administración Trump ha pasado de arrestar y deportar a inmigrantes indocumentados con antecedentes penales a detener a personas sin antecedentes, en un intento desesperado por cumplir con las cuotas establecidas por Stephen Miller, subjefe de gabinete de la Casa Blanca. Un editorial reciente del Wall Street Journal, citando datos del Instituto Cato, reveló que el 73% de los detenidos por ICE desde octubre no tenían antecedentes penales, y solo el 5% tenía antecedentes por delitos violentos. Este cambio drástico en la política de aplicación de la ley ha sido ampliamente criticado.

La falta de escrúpulos de Trump se ha manifestado también en la conducta de sus funcionarios. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi L. Noem, fue acusada de difamar a Alex Pretti, mientras que Gregory Bovino, un oficial de la Patrulla Fronteriza, admitió haber mentido sobre un incidente con gas lacrimógeno en Chicago. La sustitución de Bovino por Tom Homan, un conocido halcón migratorio, ha generado aún más preocupación.

La tragedia en Mineápolis se produce en un momento en que Trump ha dado marcha atrás en otras políticas controvertidas, como su amenaza de tomar el control de Groenlandia y sus comentarios despectivos sobre los soldados británicos en Afganistán. También está intentando convencer a los estadounidenses de que su gestión económica está dando resultados, aunque los precios siguen siendo altos.

Sin embargo, la inmigración se ha convertido en el principal desafío para su presidencia. Incluso algunos legisladores republicanos, alarmados por el asesinato de Pretti, han comenzado a expresar su preocupación y a pedir una desescalada y un cambio de estrategia. Aunque estos llamados son tímidos, son significativos, dado el poco frecuente rechazo de los funcionarios electos republicanos a las políticas de Trump.

Una encuesta reciente del New York Times y la Universidad de Siena reveló que el 61% de los estadounidenses considera que las tácticas empleadas por ICE han ido demasiado lejos, incluyendo al 71% de los independientes y al 19% de los republicanos. El 58% de los encuestados desaprueba la gestión de Trump en materia de inmigración, aunque el 50% apoya la política general de deportación de inmigrantes indocumentados. Es probable que una encuesta realizada después del asesinato de Pretti muestre una insatisfacción aún mayor.

Trump, consciente de la gravedad de la situación, podría optar por su estrategia habitual: aguantar y esperar que la crisis pase. Sin embargo, esta vez, la situación es diferente. El problema de la inmigración, que ha sido el núcleo de su atractivo político, ahora lo está hundiendo. La atención pública puede desviarse hacia otros temas, y Homan podría lograr reducir la presencia de ICE en Mineápolis, pero el daño ya está hecho. La pregunta ahora es si Trump aprenderá de sus errores o si continuará por el mismo camino, arriesgando su presidencia y su legado político.

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