La estabilidad de la Capa de Hielo de la Antártida Occidental es fundamental para predecir el futuro aumento del nivel del mar, pero se encuentra amenazada por el calentamiento oceánico. Un estudio publicado en PNAS aborda esta problemática a partir del análisis de sedimentos marinos del Plioceno, un periodo hace entre 5,33 y 2,58 millones de años en el que la Tierra era más cálida que hoy.
A través de análisis geoquímicos, los investigadores hallaron evidencia de al menos cinco grandes eventos de retroceso de los glaciares Thwaites y Pine Island hacia el interior del continente durante el Plioceno. Esto confirma la vulnerabilidad de la capa de hielo ante temperaturas elevadas y sugiere que el planeta podría estar ya muy cerca, o haber alcanzado, el umbral térmico necesario para activar un nuevo deshielo masivo.
El registro sedimentario funciona como un libro de historia geológica. Los investigadores identificaron capas de lodos verdosos, ricos en microalgas y restos biológicos, que indican períodos de aguas abiertas, alta productividad y temperaturas más elevadas, correspondientes a fases interglaciares. En contraste, los intervalos de arcillas grises laminadas y sin vida aparente reflejan condiciones glaciales, momentos en los que el hielo volvía a extenderse sobre la plataforma continental.
Un aspecto fascinante del hallazgo es cómo llegaron estos materiales al fondo del océano. El análisis químico permitió rastrear el origen de los sedimentos hasta las montañas Ellsworth-Whitmore, en el interior profundo de la Antártida. Durante los máximos de temperatura, el hielo retrocedía tanto que los icebergs acarreaban rocas desde estas zonas remotas, a más de 500 kilómetros de la costa, y las depositaban inicialmente en la plataforma continental.
La precisión temporal de estos eventos se logró gracias al paleomagnetismo, una técnica que se basa en el hecho de que el campo magnético de la Tierra invierte su polaridad periódicamente a lo largo de la historia geológica. Los minerales magnéticos presentes en el sedimento se alinean con el campo terrestre en el momento en que se depositan en el fondo y mantienen esa orientación al quedar enterrados.
Finalmente, para validar la interpretación geológica, se integraron los datos con simulaciones numéricas de la capa de hielo. Estos modelos confirmaron que los patrones observados en los sedimentos son consistentes con un escenario donde el hielo se retira drásticamente hacia el interior durante los periodos cálidos, lo que corrobora la inestabilidad inherente de este sector polar.
Las conclusiones del estudio plantean un escenario de alta sensibilidad: el manto de hielo de la Antártida Occidental reacciona de manera drástica ante el calentamiento del océano y la atmósfera. Los investigadores advierten que el ingreso de agua cálida a través de profundos valles submarinos podría desencadenar un proceso de retroceso imparable, con el potencial de elevar el nivel del mar en varios metros.
Lo más inquietante es la similitud entre el pasado y el presente. Durante el Plioceno, estos colapsos masivos del hielo ocurrieron con niveles de dióxido de carbono (CO ) en la atmósfera muy parecidos, o solo ligeramente superiores, a los que tenemos hoy en día. Esto sugiere que el planeta podría estar ya muy cerca, o haber alcanzado, el umbral térmico necesario para activar un nuevo deshielo masivo.
En términos de riesgo global, la investigación señala al sector de la plataforma Amundsen como la región más crítica de la Antártida: es el punto más expuesto y vulnerable de todo el continente. La historia geológica reconstruida implica que la pérdida parcial o total de esta región no es una especulación teórica, sino un fenómeno que ya ocurrió y que, de repetirse, elevaría el nivel de los océanos a escala de metros. Por ello, el estudio subraya la urgencia de monitorear minuciosamente la temperatura del agua y el aire en el entorno antártico, ya que son los indicadores clave para anticipar cambios abruptos en la estabilidad de estos glaciares.










