Miguel Hormazábal, empresario gastronómico, ha dedicado su vida a los porotos con rienda desde su infancia en La Serena. Transformó la casa familiar en "El palacio del poroto con rienda", convirtiéndolo en un ícono de la comida casera, después de un popular chascarro protagonizado por la periodista Catalina Edwards.
Desde que tiene memoria, la vida de Hormazábal ha estado ligada al plato típico nacional, los porotos con rienda. Desde su infancia en La Serena, cuando le preparaban la receta casera, hasta la antigua casa que se convirtió en "El palacio del poroto con rienda", el empresario ha progresado en la vida, gracias a las emblemáticas legumbres.
Fue su madre, María Moreno, quien levantó con esfuerzo y dedicación, hace 64 años, el restaurante familiar, ubicado en General Amengual 494, en la comuna de Estación Central. Aunque durante varias décadas fue una tradicional "picada", conocida por los vecinos y trabajadores del sector, desde el 2009, Hormazábal lo rebautizó como "El palacio del poroto con rienda", así que muy pronto, el lugar se transformó en un icono por lo pegajoso del nombre.
De todas formas, los porotos son la perfecta carta de presentación de "El Palacio", que mantiene ocupado a Miguel, que en conversación con BBCL, se niega a decir su edad, porque "cree que solamente es un número" y que usualmente suele provocar incomprensión en la gente.
En ese sentido, Miguel, aclara, que su vida la imaginaba en los escenarios, pues es cantante y tiene su banda Los Viejos Porfiados. "Cuando la gente pierde el propósito, se acaba la vida", reflexiona en una esquina de su restaurante. Incluso el dueño de "El Palacio" recibió en una oportunidad, a la primera dama, Cecilia Morel, para el lanzamiento del programa "Elige vivir Sano".
Por otro lado, el negocio también ha sido el escenario de un icónico chascarro protagonizado por Catalina Edwards y José Luis Reppening, durante un despacho en vivo para Mega. Ante todo, de manera espontánea y debido al momento televisivo que es recordado hasta hoy, los comensales no han dejado de ir al restaurante.
"Yo nunca busqué la publicidad, llegó sola", cuenta Hormazábal. Sin embargo, pese a que tuvo planes de abrir más locales, como la sucursal de Santiago, en la calle Lira, al final, el estallido social y la pandemia, afectaron económicamente al local. "Mis hijos se dieron cuenta de que tener una casa central es lo mejor, yo creo que la gente busca el original siempre", reflexiona el empresario.
Finalmente, Miguel expresa con naturalidad, que cuando el local estaba surgiendo y le tocaba cocinar, a veces les cantaba a los porotos, un ingrediente místico, para que los porotos sepan mejor. "Yo siempre comí poroto desde chico y cuando estaban los platos a las doce del día, yo era el primero que comía el primer plato. Después lo tomé como cábala", agrega.











