La emblemática Casa Rottman, ubicada en la esquina de la Avenida Larco y el Malecón de la Reserva en Miraflores, se ha convertido en un símbolo de resistencia ante el acelerado desarrollo inmobiliario que ha transformado el distrito en las últimas décadas. A pesar de las constantes presiones y ofertas para que la propiedad sea demolida y reemplazada por un edificio de uso mixto, las dueñas, las hermanas Gisela y Margarita Rottman, se han mantenido firmes en su decisión de preservar este casi centenario chalet de estilo art-decó diseñado por el arquitecto Héctor Velarde Bergmann.
La casa, construida en 1938, ha sido testigo de los profundos cambios que ha experimentado Miraflores, pasando de ser un suburbio a convertirse en el moderno centro de la ciudad. Mientras a su alrededor se han levantado imponentes edificaciones, la Casa Rottman se ha erigido como un vestigio del Miraflores tradicional y apacible que las generaciones pasadas legaron al distrito.
Las hermanas Rottman han enfrentado numerosos desafíos para mantener su propiedad, desde el acoso de empresas inmobiliarias hasta el deterioro causado por el paso del tiempo y el uso indebido de los transeúntes. Sin embargo, su determinación por preservar este patrimonio arquitectónico y cultural ha sido inquebrantable.
En más de una ocasión, Gisela Rottman ha expresado su preocupación por la pérdida de la memoria del distrito y la transformación acelerada que ha sufrido Miraflores, con la proliferación de bares, casinos y edificios altos que, en su opinión, han alterado el carácter tradicional y apacible del barrio.
Para el urbanista Aldo Facho, la evolución de Miraflores, de suburbio a centro moderno de la ciudad, es un proceso natural que responde a la dinámica de crecimiento urbano. Sin embargo, resalta la importancia de que este desarrollo se enmarque en un plan de ordenamiento que preserve los elementos patrimoniales y genere beneficios para la comunidad.
La decisión de mantener la Casa Rottman en pie, al menos por el momento, se erige como una victoria para quienes defienden la preservación del patrimonio arquitectónico y la identidad de Miraflores. Esta emblemática propiedad seguirá siendo un testigo silencioso de la evolución de la ciudad, un recordatorio de que el progreso no siempre debe venir acompañado de la destrucción de lo que nos define como comunidad.










