Cada vez más los países de Centroamérica y el Caribe intensifican sus estrategias para captar inversión extranjera directa (IED), conscientes de que estos flujos se han convertido en uno de los principales motores para la generación de empleo, la transferencia de tecnología y el crecimiento económico.
En un contexto internacional marcado por tasas de interés elevadas, ajustes financieros y la reconfiguración de las cadenas globales de valor, la región muestra un comportamiento desigual, con países que consolidan su atractivo y otros que enfrentan una pérdida sostenida de competitividad.
Antes de la pandemia, Panamá lideraba claramente la captación de IED en la región. Sin embargo, ese liderazgo se debilitó tras la crisis sanitaria y, desde entonces, el país ha sido desplazado por economías que han logrado sostener o incluso ampliar su flujo de inversiones.
La evolución más marcada se observa en República Dominicana, que en 2025 consolidó su posición como uno de los principales receptores de inversión extranjera directa en la región. Al tercer trimestre del año, el país acumuló flujos cercanos a los 4,000 millones de dólares, con un desempeño particularmente fuerte en el primer semestre, cuando captó 2,892.8 millones de dólares, un aumento interanual de 15.3%.
El capital extranjero en República Dominicana se concentró principalmente en turismo, zonas francas, manufactura y energías renovables. Este último sector mostró un crecimiento sostenido, al pasar de representar 7.5% de la IED en 2019 a cerca del 25% en 2025. A esto se suman inversiones acumuladas por más de 3,500 millones de dólares en generación energética entre 2020 y 2025, respaldadas por un marco regulatorio estable y una política activa de atracción de inversiones.
Costa Rica, aunque con un crecimiento más moderado, mantiene una posición sólida. Al tercer trimestre de 2025, el país acumuló 3,533 millones de dólares en flujos de inversión extranjera directa, un incremento de 4.5% frente al mismo periodo de 2024. La manufactura concentró más del 80% de la inversión recibida, con 2,856 millones de dólares, destacando los dispositivos médicos, semiconductores y otros segmentos vinculados a la economía del conocimiento.
En contraste, Panamá muestra un desempeño claramente inferior. En todo 2024, la inversión extranjera directa cayó 28%, cuando las empresas invirtieron o reinvirtieron 2,832 millones de dólares. En 2025, aunque el tercer trimestre registró un repunte con 676.4 millones de dólares, este resultado contrastó con la fuerte salida de capitales del segundo trimestre, que cerró con un saldo negativo de 887.1 millones.
Con esta trayectoria, incluso si el cuarto trimestre de 2025 mostrara una mejora, Panamá cerraría el año muy por debajo de sus principales competidores regionales. Las cifras finales, que se conocerán al cierre del primer trimestre de 2026, confirmarían una tendencia ya clara: el país perdió el liderazgo regional en captación de inversión extranjera directa y enfrenta el reto de redefinir su estrategia para volver a competir por un sitial que hoy domina, con ventaja, República Dominicana, seguida de Costa Rica.
Para el banco estadounidense JPMorgan, América Latina llega a 2026 con una mezcla poco común de vientos a favor y pendientes estructurales. En su análisis, la región sigue siendo rica en recursos, bien ubicada y con una población joven, pero aún arrastra una dificultad histórica: convertir esas ventajas en prosperidad sostenida.
JPMorgan sostiene que esa brecha se refleja en dos indicadores persistentes: la participación de América Latina en el PIB y en la inversión global se ha mantenido baja, y el crecimiento regional ha quedado rezagado frente a otros mercados emergentes. A esto se suman factores que, según el banco, siguen erosionando la confianza: fragilidad fiscal, desigualdad, inseguridad y una relación frágil entre ciudadanía e instituciones.












