Estados Unidos y Jordania bombardearon múltiples objetivos del grupo extremista Estado Islámico (ISIS) en Siria este sábado, en lo que fue la primera respuesta ordenada por el presidente Donald Trump tras una emboscada a fuerzas estadounidenses y sirias en Palmira que dejó dos soldados del Pentágono y un intérprete civil muertos.
Según informó el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) en un comunicado, los ataques aéreos tuvieron como objetivo "debilitar la capacidad operativa del grupo extremista y frenar eventuales futuros ataques". La operación, denominada Hawkeye Strike, contó con la participación de aliados de la coalición internacional liderada por Washington, aunque no se ofrecieron más detalles.
La emboscada que desencadenó la respuesta ocurrió el 13 de diciembre en la ciudad de Palmira, en el centro de Siria. En ese ataque, dos soldados estadounidenses y un intérprete civil perdieron la vida, mientras que otros cinco militares resultaron heridos.
La acción de este sábado se enmarca en la estrategia de Trump de mantener una fuerte presencia militar en Siria para combatir al ISIS, a pesar de su anuncio de retirada de tropas del país en 2018. Desde entonces, Estados Unidos ha mantenido un contingente de alrededor de 900 soldados en suelo sirio, en coordinación con las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una alianza de milicias kurdas y árabes.
Según expertos, el ISIS sigue representando una amenaza en Siria, donde controla aún algunas áreas remotas y lleva a cabo ataques esporádicos. La organización extremista perdió gran parte de los territorios que llegó a dominar en Siria e Irak en 2014, pero sigue siendo capaz de llevar a cabo acciones violentas y ataques sorpresivos.
El bombardeo de este sábado es la primera respuesta militar ordenada por Trump desde que asumió la presidencia en 2017. Durante su mandato, el mandatario ha mantenido una postura dura contra el ISIS, si bien ha buscado reducir la presencia militar estadounidense en Oriente Medio.










