La canasta básica de alimentos en Honduras se ha visto afectada por diversos desafíos en la producción agrícola y ganadera del país. Según un informe, el costo de la canasta básica superó los 15,500 lempiras en julio de 2025, lo que representa un gran impacto en el poder adquisitivo de la población.
La agricultura y la ganadería son sectores fundamentales para la economía hondureña, ya que generan empleo, ingresos y exportaciones, además de asegurar la seguridad alimentaria y nutricional del país. Sin embargo, estos sectores enfrentan diversos retos, como la vulnerabilidad a eventos climáticos, altos costos de producción, acceso limitado a tecnología moderna, problemas de financiamiento y comercialización.
Para abordar estos desafíos y reducir el costo de la canasta básica, se requieren medidas como apoyar la producción agropecuaria nacional a través de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), controlar la intermediación en los precios, estabilizar la reserva de granos básicos, mejorar y modernizar la producción de hortalizas, frutales y la ganadería, así como mejorar las condiciones de infraestructura y servicios públicos.
Además, la creación de centros de acopio en los municipios, manejados por entidades estatales responsables y transparentes, puede desempeñar un papel crucial en la conexión de los productores con los mercados, la reducción del desperdicio de alimentos y la garantía de la seguridad alimentaria, especialmente en zonas urbanas, rurales y durante emergencias.
La relación entre la canasta básica y la producción agrícola es fundamental. Un aumento en la producción puede reducir los precios de los alimentos, haciendo que la canasta básica sea más accesible para las familias de bajos ingresos. Por el contrario, si no se abordan los problemas en la producción agrícola y ganadera, los precios pueden elevarse y aumentar el costo de la canasta básica, afectando a la población.
Para lograr un desarrollo agrícola integral y sostenible en Honduras, se requiere un enfoque integral que incluya la investigación científica, la vinculación entre productores y el Estado, y la capacitación continua de los agricultores. Esto, junto con el apoyo gubernamental a través de programas de financiamiento y asistencia técnica, puede contribuir a mejorar la producción, reducir los precios de los alimentos y, en última instancia, garantizar la seguridad alimentaria y nutricional de la población hondureña.












