La académica de la Universidad de Edimburgo, especialista en Estudios Internacionales, realiza una dura crítica a la respuesta de los países europeos ante la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela a comienzos de este año. La autora sostiene que el contraste entre la reacción europea a la invasión rusa de Ucrania y su silencio frente a la acción estadounidense en Venezuela evidencia un "doble estándar" que pone en riesgo la credibilidad y autoridad moral de Europa en el orden internacional.
En julio de 2024, el presidente venezolano Nicolás Maduro se proclamó vencedor de las elecciones presidenciales, a pesar de que observadores internacionales consideraron que la votación había sido fraudulenta. Lo que siguió fueron meses de creciente presión por parte de Estados Unidos, incluyendo una recompensa de 50 millones de dólares por Maduro y ataques contra embarcaciones que supuestamente llevaban drogas.
Finalmente, en la madrugada del 3 de enero de este año, el expresidente Donald Trump anunció que Estados Unidos había llevado a cabo un "ataque a gran escala" contra Maduro, capturándolo y trasladándolo fuera del país. Ante esta grave violación del derecho internacional, los líderes europeos reaccionaron de manera tibia y ambigua.
Mientras que en 2022 condenaron con "claridad moral y urgencia" la invasión rusa de Ucrania, calificándola como una "flagrante violación del derecho internacional", en el caso de Venezuela adoptaron una postura "obsecuente y servil" frente a la acción unilateral de Estados Unidos. Algunos líderes, como el alemán Friedrich Merz y el francés Emmanuel Macron, incluso evitaron pronunciarse sobre la legalidad de la intervención, hablando de una situación "compleja" que requería "consideración cuidadosa".
La autora señala que esta diferencia de criterio refleja una "Europa cada vez más disminuida en el escenario global, poco dispuesta o incapaz de afirmarse, y carente del valor necesario para confrontar a Washington". Advierte que este doble estándar pone en riesgo la credibilidad y autoridad moral de Europa, y sienta un peligroso precedente que podría ser aprovechado por otros actores internacionales como China y Rusia.
"Las respuestas iniciales de Europa son una grave amenaza para el presente y el futuro del orden internacional. Su dependencia política, económica y de seguridad respecto a Estados Unidos se ha vuelto tan abrumadora que ha paralizado el juicio independiente, dando paso a una obediencia acrítica", sostiene la académica.
Finalmente, la autora hace un llamado a los líderes europeos a que decidan "quién es, qué valores defiende y si desea ser recordada por haber protegido esos principios o por haberlos abandonado cuando se necesitaba valentía".












