Los gallegos residentes en Venezuela describen la "tensa calma" y la "desconfianza" que se vive en Caracas una semana después del ataque liderado por Estados Unidos contra el presidente Nicolás Maduro. A pesar de la paulatina vuelta a la normalidad, la Policía Nacional Bolivariana y los colectivos paramilitares afines al chavismo han incrementado los controles en las calles, generando temor entre la población.
Según los testimonios recogidos, la gente prefiere no salir a la calle a determinadas horas por miedo a ser detenida o que se revise el contenido de sus teléfonos móviles. Además, el apoyo al régimen en las calles parece estar disminuyendo, a diferencia de lo ocurrido en otras protestas.
En el plano económico, la ciudad va recuperando poco a poco el pulso, con la reapertura de comercios y la normalización del transporte público. Sin embargo, la debilidad monetaria y la incertidumbre afectan fuertemente a los negocios, obligando a muchos a depender de la ayuda de familiares en el exterior.
Los gallegos entrevistados, al igual que el resto de venezolanos, conviven con la inestabilidad política y financiera, pero mantienen la esperanza de que la situación pueda mejorar en el futuro. Uno de ellos resume la situación diciendo que "Venezuela lleva siglos siendo un país bastante raro, pero estos días todavía más".











