El asesinato de Stalin Rolando Olivero Vargas, conocido como alias Marino, ha vuelto a poner bajo la lupa el entramado empresarial que rodeaba a este exmilitar que pasó a formar parte del crimen organizado en Ecuador.
Los documentos mercantiles y tributarios revelan que Olivero Vargas mantuvo una presencia activa en el mundo empresarial, principalmente en compañías relacionadas con el sector camaronero y comercial, incluso hasta el día de su muerte en la exclusiva Isla Mocolí, en Samborondón.
Registros de la Superintendencia de Compañías muestran que Olivero Vargas figuraba como accionista único o compartido en varias empresas legalmente constituidas, como OLIMAR SABORES-MARINOS S.A., ENNERMAR S.A. y HOUSE-OLIVS S.A. Además, en años anteriores, estuvo vinculado a otras compañías del sector de seguridad privada.
Sin embargo, llama la atención que, pese a su participación en estas empresas, Olivero Vargas no registraba declaraciones de impuesto a la renta en varios períodos fiscales recientes, lo que refuerza la sospecha de que estas estructuras empresariales podrían haber sido utilizadas como fachada o soporte patrimonial dentro del crimen organizado.
Este caso se suma a otras investigaciones recientes, como Blanqueo JR o Blanqueo Fito, que han expuesto cómo el crimen organizado en Ecuador ha buscado enmascarar sus actividades ilícitas a través de la creación de empresas legalmente constituidas.
El asesinato de alias Marino en la exclusiva Isla Mocolí ha evidenciado una vez más los vínculos entre el mundo empresarial y el crimen organizado en el país, y la necesidad de fortalecer los mecanismos de control y fiscalización para evitar que estas estructuras se utilicen con fines ilícitos.










