El salario mínimo en Latinoamérica inició 2026 con un promedio regional cercano a los 400 dólares mensuales, pero con ajustes heterogéneos, disparidades entre las economías, tensiones fiscales y una persistente pérdida de poder adquisitivo frente al costo de vida y la alta informalidad laboral.
Entre los países con ingresos mínimos más elevados se destacan Uruguay, con 620 dólares tras un aumento del 7,54%, y Chile, con 598 dólares. Colombia registró el mayor incremento en décadas, del 23,7%, llevando el salario mínimo a 535 dólares. México aprobó un aumento relevante del salario mínimo diario, hasta 17,58 dólares a nivel general y 24,61 dólares en la frontera norte.
En Brasil, el salario mínimo subió 6,79% hasta los 295 dólares mensuales, mientras que el caso más crítico es Argentina, donde el salario mínimo ronda los 228 dólares en enero, acumulando una caída real del 35,2% en su poder adquisitivo desde el inicio del Gobierno de Javier Milei.
Perú mantiene el salario mínimo sin cambios en 334,5 dólares, mientras Paraguay lo tiene en 437,42 dólares, del cual el Estado descuenta un 9% correspondiente a la financiación del Instituto de Previsión Social. República Dominicana avanza con un aumento escalonado del 20%, elevando el mínimo en grandes empresas a 475 dólares.
Costa Rica registra salarios mínimos que rondan los 600 dólares según ocupación, mientras que en Guatemala y Honduras las alzas han sido moderadas, limitadas por los altos niveles de informalidad.
Los casos más extremos siguen siendo Venezuela, con el salario mínimo congelado en 0,40 dólares mensuales, y Cuba, donde el ingreso mínimo equivale a unos 5 dólares, prácticamente sin poder de compra.
El debate seguirá centrado en cómo mejorar el ingreso real sin afectar el empleo formal ni la sostenibilidad fiscal, en economías marcadas por la informalidad y el alto costo de vida.











