Las fuerzas rusas han utilizado un misil hipersónico Oreshnik, capaz de portar carga nuclear, contra infraestructura crítica y zonas civiles en territorio ucraniano. Esta acción ha generado daños en redes eléctricas, cortes de energía y una ola de protestas diplomáticas por parte de países europeos y aliados, que han calificado el empleo de este armamento como un grave escalamiento del conflicto.
El misil Oreshnik, a pesar de haber sido lanzado con munición convencional en esta ocasión, es un arma de alta tecnología que puede transportar cabezas nucleares. Su velocidad hipersónica, superior a cinco veces la velocidad del sonido, lo hace prácticamente indetectable y dificulta enormemente su interceptación por los sistemas de defensa antiaérea.
Este ataque con misiles hipersónicos se produce en un momento de gran tensión en el frente ucraniano, donde las fuerzas rusas han sufrido reveses importantes en las últimas semanas. El uso de este tipo de armamento de alta precisión y alcance parece responder a la necesidad del Kremlin de infligir daños significativos a la infraestructura ucraniana y generar un impacto psicológico en la población.
Los países europeos y aliados de Ucrania han condenado enérgicamente este nuevo ataque, calificándolo como una "escalada inaceptable" del conflicto. Desde Washington, se ha advertido que el empleo de armas nucleares o de destrucción masiva tendría "consecuencias catastróficas" para Rusia. Asimismo, se ha reiterado el compromiso de seguir apoyando militar y económicamente a Ucrania para hacer frente a la agresión rusa.
La utilización de misiles hipersónicos por parte de Rusia en Ucrania representa un peligroso precedente en el marco de este conflicto. Estas armas de alta tecnología, que combinan velocidad, maniobrabilidad y precisión, plantean un desafío significativo para los sistemas de defensa tradicionales, aumentando los riesgos de una mayor escalada y de consecuencias devastadoras para la población civil.










