Desde 2016, en medio de la peor crisis económica que ha vivido Venezuela, la hoy presidenta interina del país, Delcy Rodríguez, ha buscado acercamientos con el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
La situación en Venezuela era desesperada en esos años. Los estantes de los supermercados estaban vacíos, había racionamientos de electricidad y agua, y las medicinas básicas escaseaban. Incluso, la empresa Citgo, la cadena de gasolina y refinerías venezolana, había sido hipotecada por Nicolás Maduro a una empresa rusa para poder pagar un préstamo.
En ese contexto, Delcy Rodríguez, quien en ese entonces era canciller de Venezuela, decidió donar 500.000 dólares a la ceremonia de posesión de Trump en 2017, la misma cantidad que entregaron empresas como Pepsi, JP Morgan y Exxon. Una jugada que buscaba generar acercamientos con el archienemigo declarado de Maduro.
Según un perfil de Rodríguez escrito por el periodista Joshua Goodman de la agencia AP, la actual presidenta interina de Venezuela también contrató al exjefe de campaña de Trump, Corey Lewansdoski, como lobista de Citgo. La estrategia, sin embargo, no atenuó la arremetida de Trump contra Maduro.
Pero Delcy Rodríguez logró hacerse conocer en los círculos cercanos al presidente estadounidense. Desde entonces, quedó claro que ella buscaba alianzas para reactivar la moribunda industria petrolera venezolana y que consideraba que "Venezuela debería estar abierta a los negocios", una palabra que le encanta a Trump.
El perfil también revela que Rodríguez no tuvo una buena relación con Hugo Chávez. De hecho, en una visita de Chávez a Moscú, el entonces presidente venezolano la bajó del avión presidencial y le gritó que se devolviera a Venezuela por su propia cuenta, calificándola de "engreída", "arrogante" e "incompetente".
Después de ese incidente, Rodríguez estuvo sumida en el ostracismo por siete años, hasta que Nicolás Maduro la nombró ministra de información en 2013. A partir de allí, su ascenso al poder ha sido vertiginoso.
Hoy, Delcy Rodríguez es la presidenta interina de Venezuela, cargo que ha utilizado para aplastar a rivales internos como Tareck El Aissami, preso desde 2024 bajo cargos de corrupción. Su búsqueda de acercamientos con Trump en medio de la crisis venezolana parece haber sido una jugada que le ha permitido consolidar su poder en el país.












