En un período de poco más de una semana, la República Dominicana se ha visto sacudida por una serie de muertes inesperadas y fatalidades que han conmocionado a la población. Desde finales de diciembre hasta principios de enero, el país caribeño ha sido testigo de una sucesión de incidentes trágicos que ponen de manifiesto la fragilidad de la vida y los riesgos a los que se enfrentan los ciudadanos en su día a día.
El 29 de diciembre, dos hombres murieron electrocutados cuando un cable del tendido eléctrico cayó sobre la camioneta en la que se desplazaban. Este hecho puso sobre la mesa el deterioro del sistema eléctrico y la exposición permanente de conductores y peatones a cables sin protección adecuada. Al día siguiente, un niño de cuatro años resultó herido de bala mientras veía televisión dentro de su vivienda, en medio de un hecho violento ocurrido en las cercanías.
El 2 de enero, una discusión por una deuda derivó en disparos en Puñal, Santiago, dejando a una víctima mortal. Dos días después, en Moca, una joven que huía de la policía murió electrocutada al entrar en contacto con una estructura energizada, convirtiendo el entorno urbano en un campo minado invisible.
El 5 de enero, en Miches, dos hermanos murieron ahogados al intentar rescatar a un mulo que había caído en un canal. Al día siguiente, en Luperón, una mujer perdió la vida tras ser atacada por un toro que había salido de su corral. Ese mismo día, en la carretera que conecta Hig ey con San Rafael del Yuma, otra mujer murió en un accidente insólito al impactar su pasola contra el cadáver de un perro abandonado en la vía.
Estas tragedias, que van desde accidentes eléctricos y de tránsito hasta ataques de animales y violencia, han sacudido a la República Dominicana y ponen de manifiesto la necesidad urgente de abordar los problemas estructurales y de seguridad que afectan al país. Autoridades y ciudadanos deberán trabajar en conjunto para encontrar soluciones que eviten que más vidas se pierdan de manera tan inesperada y trágica.












