Fue la culminación dramática de una campaña de varios meses cuyo objetivo final ha sido claro para quienes participaron en su planeación: derrocar a Maduro del poder. Trump, quien en ciertos momentos expresó dudas sobre el potencial de consecuencias no deseadas y la posibilidad de que EE.UU. se viera envuelto en una guerra prolongada, dejó de lado cualquier reserva y dio luz verde a la operación en los días previos a Navidad.
En una edición especial de Conexión Global Prime, la periodista Alicia Contreras analizó los antecedentes del conflicto entre Estados Unidos y Venezuela. Junto al analista internacional Raúl Sohr, profundizó en los efectos políticos de la captura de Nicolás Maduro y en la denominada "doctrina Donroe".
Según fuentes cercanas a la Casa Blanca, la operación encubierta para capturar a Maduro se planeó durante meses. El presidente Trump, quien en un principio expresó reservas sobre los posibles riesgos de una intervención directa, finalmente dio luz verde a la acción en los días previos a la Navidad.
"Esta ha sido una campaña larga y compleja, con múltiples frentes de acción. Desde el apoyo a la oposición venezolana, las sanciones económicas y la presión diplomática, hasta la coordinación con aliados regionales y la preparación de una operación militar encubierta", explicó el analista Raúl Sohr.
La captura de Maduro representa un duro golpe para el régimen chavista y abre un escenario de incertidumbre en Venezuela. Según el profesor Daniel Lansberg-Rodríguez, de la Universidad de Kellogg, figuras clave como Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello podrían estar buscando consolidar su poder en medio del caos.
"Maduro era el eje central del sistema, su detención deja un vacío de poder que seguramente será disputado por distintos grupos. Esto podría desencadenar una lucha interna por el control del Estado y profundizar aún más la crisis venezolana", advirtió Lansberg-Rodríguez.
La operación para capturar a Maduro ha sido calificada como un éxito por la Casa Blanca, pero sus consecuencias a largo plazo aún son inciertas. Estados Unidos se enfrenta ahora al desafío de gestionar la transición política en Venezuela y evitar que la crisis humanitaria y económica se agrave aún más.











