Desde las primeras horas del pasado 3 de enero, Venezuela se encuentra sumida en la incertidumbre. La captura y posterior confinamiento en prisión de Nicolás Maduro, que parecía un triunfo inicial para millones de venezolanos en la diáspora, ha devenido en una experiencia amarga.
El operativo para atrapar a Maduro dejó un saldo de más de 80 víctimas mortales, además de cuantiosos daños provocados por los ataques de aviones militares estadounidenses. Pese a estos episodios, el chavismo sigue al frente del gobierno, que se mantiene prácticamente intacto, con la única excepción de Maduro, ahora recluido en una cárcel de Brooklyn, Nueva York.
Delcy Rodríguez, la vicepresidenta que asumió el mando interino, ha recibido una advertencia del presidente Donald Trump: si no colabora con Estados Unidos, le iría peor que a Maduro. El secretario de Estado, Marco Rubio, también dejó claro que Washington no permitirá que las reservas de petróleo de Venezuela estén bajo el control de "países adversarios".
Esta situación ha generado frustración entre los venezolanos opositores al gobierno chavista, tanto dentro como fuera del país, quienes esperaban que la captura de Maduro llevara a la juramentación de nuevas autoridades nacionales. Líderes como María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, a quienes Maduro y su gente arrebataron la victoria en las elecciones de 2024, siguen sin poder asumir el poder.
Mientras tanto, la población venezolana trata de retornar lentamente a la normalidad, pero siempre con la incertidumbre sobre lo que pueda suceder en los próximos días. La situación en Venezuela sigue siendo volátil y bajo la atenta mirada de Estados Unidos, que parece dispuesto a mantener su influencia en la región.












