Los cazadores-recolectores del sur de África durante el Pleistoceno tardío, hace aproximadamente 60.000 años, ya tenían conocimientos sobre venenos vegetales y cómo usarlos para la caza, según un hallazgo arqueológico realizado en Sudáfrica.
El descubrimiento, publicado en la revista Science Advances, retrasa la cronología del uso de armas envenenadas, que antes se pensaba que databa de mediados del Holoceno, y revela una estrategia de caza cognitivamente compleja por parte de nuestros antepasados.
Los investigadores encontraron residuos químicos de veneno de la planta gifbol (Boophone disticha) en cinco de diez puntas de flecha de cuarzo halladas en el refugio rocoso de Umhlatuzana, en KwaZulu-Natal. Esta planta aún es utilizada por los cazadores tradicionales de la región.
"Nuestros antepasados del sur de África no solo inventaron el arco y la flecha mucho antes de lo que se pensaba, sino que también sabían cómo utilizar la química de la naturaleza para aumentar la eficacia de la caza", declaró Marlize Lombard, de la Universidad de Johannesburgo.
Los análisis revelaron la presencia de los alcaloides buphanidrina y epibuphanisina, sustancias tóxicas presentes en el gifbol. Estos mismos compuestos también se encontraron en puntas de flecha de 250 años de antig edad, lo que demuestra la continuidad de estos conocimientos y tradiciones a lo largo del tiempo.
Según los investigadores, el uso de veneno en las flechas requería planificación, paciencia y una comprensión de la causa y el efecto, lo que refleja el pensamiento avanzado de los primeros humanos. La caza con veneno supuso un cambio revolucionario, ya que facilitaba la muerte de las presas y obligaba a los cazadores a memorizar las plantas venenosas y anticipar el comportamiento de los animales a medida que se debilitaban.
"Dado que el veneno no es una fuerza física, sino que actúa químicamente, los cazadores también debían de basarse en una planificación avanzada, la abstracción y el razonamiento causal", escriben los autores del estudio.
Este hallazgo demuestra que nuestros antepasados del Pleistoceno tardío en el sur de África poseían conocimientos y habilidades técnicas mucho más avanzados de lo que se creía anteriormente.












