China enfrenta una preocupante epidemia de obesidad, que ha llevado a las autoridades a implementar una solución controversial: los "campos de entrenamiento para obesos", una especie de "prisiones" donde los participantes son sometidos a estrictas dietas y rutinas de ejercicio intensivas con el objetivo de perder peso rápidamente.
Según datos oficiales, más de la mitad de los adultos chinos padecen sobrepeso, lo que ha provocado un rápido crecimiento de este tipo de centros, tanto públicos como privados. Actualmente existen más de mil de estos establecimientos en el país, la mayoría instalados en antiguos edificios escolares.
El ingreso a estos centros es voluntario, pero una vez dentro, los "reclusos" se enfrentan a un entorno que recuerda a una prisión: zonas valladas, puertas de acero y vigilancia constante. Las normas son estrictas, con dietas controladas, prohibición de refrigerios y requisas en los dormitorios para evitar alimentos escondidos.
La rutina diaria incluye intensas sesiones de ejercicio como spinning, boxeo y gimnasia, con el objetivo de lograr pérdidas de peso significativas en un corto período de tiempo, generalmente 28 días. Según testimonios, algunos participantes han llegado a perder hasta 4 kilos en 14 días.
Si bien estos centros parecen cumplir con los resultados prometidos, su modelo es fuertemente criticado por el rigor y la vigilancia constante a la que someten a los participantes, especialmente a los niños, quienes podrían verse impedidos de abandonar el sistema.
Los datos oficiales indican que el número de niños obesos en China se ha cuadruplicado desde el año 2000, lo que ha llevado a las autoridades a buscar soluciones drásticas para abordar este problema de salud pública. Sin embargo, la eficacia y la ética de estos "campos de entrenamiento para obesos" han sido cuestionadas por expertos y organizaciones de derechos humanos.












