La Casa Blanca prepara una reunión la próxima semana con las autoridades de Dinamarca y Groenlandia, en un momento de renovada tensión por el interés de Estados Unidos en la isla ártica. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó los encuentros, pero evitó aclarar el contenido de las conversaciones y rechazó pronunciarse sobre una eventual intervención militar.
Leavitt insistió en que la adquisición de Groenlandia "no es una idea nueva" en la política estadounidense, y que distintos presidentes desde el siglo XIX han considerado que controlar la isla sería ventajoso para la seguridad nacional. En ese marco, recordó que el expresidente Donald Trump ya planteó abiertamente esta posibilidad durante su primer mandato, siguiendo una línea que, según la Casa Blanca, se remonta incluso a la Administración de Harry Truman.
La portavoz enmarcó el debate en la creciente competencia estratégica en el Ártico. Según la Casa Blanca, el presidente Joe Biden considera que reforzar la presencia estadounidense en la región es clave para disuadir la agresión de Rusia y China, en un contexto marcado por el deshielo, las nuevas rutas marítimas y el acceso a recursos naturales.
La Casa Blanca aseguró que el presidente contempla varios escenarios respecto a Groenlandia, incluida una posible acción militar, aunque subrayó que la diplomacia siempre ha sido la primera opción. Preguntada por qué ganaría Estados Unidos con un control directo de la isla, Leavitt habló de un mayor control del Ártico y de la capacidad de impedir avances de "adversarios" en una región que calificó de "muy importante y estratégica".
Según la portavoz, el presidente y su equipo de seguridad nacional están evaluando "otros beneficios adicionales" de una eventual adquisición, sin detallar plazos ni fórmulas concretas. Mientras tanto, Groenlandia vuelve a situarse en el centro del debate estratégico de Washington, a la espera de unas reuniones que podrían redefinir el pulso geopolítico en el Ártico.











