En la madrugada del 3 de enero, la urbanización Rómulo Gallegos en La Guaira, Venezuela, fue sacudida por una serie de explosiones tras un ataque con misiles por parte de Estados Unidos. Elizabeth Herrera, una residente de 45 años, relató el aterrador momento en el que su familia se refugió aterrorizada mientras los proyectiles impactaban cerca de su hogar.
El ataque, que tuvo como objetivo la cercana Academia Militar de la Armada, dejó ocho viviendas del Bloque 12 completamente destruidas y una víctima mortal, Rosa Elena, de 80 años. Decenas de familias tuvieron que ser evacuadas y se encuentran refugiadas en casas de familiares a la espera de que el Estado inicie las labores de reconstrucción.
Las autoridades venezolanas, encabezadas por el gobernador de La Guaira, José Alejandro Terán, el alcalde José Manuel Suárez, el vicepresidente social y territorial Héctor Rodríguez y el ministro de Vivienda, Raúl Paredes, se reunieron con los afectados en una asamblea ciudadana. Allí, condenaron enérgicamente el ataque y aseguraron que no permitirán que Estados Unidos desestabilice al país.
Los funcionarios prometieron brindar todo el apoyo a los damnificados, incluyendo ayuda con alimentos, electrodomésticos y el proceso de reconstrucción de las viviendas. Sin embargo, no se ha precisado aún el tiempo que tomarán los trabajos, aunque se espera que puedan ser finalizados en menos de seis meses si se trabaja día y noche.
Jesús Linares, otro de los afectados, relató el momento en que intentó proteger a su hija y a su madre durante los ataques. Ahora, junto a otros vecinos, busca interponer una denuncia internacional contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por considerar que el ataque fue "a mansalva".
Las autoridades y los residentes coinciden en que, a pesar de la gravedad de los hechos, mantendrán la calma y la unidad para garantizar la gobernabilidad en el país. Aseguran que no lograrán desestabilizar a la nación venezolana.











