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Descontrol y negociación en el abrupto final de la era Maduro en Venezuela

Descontrol y negociación en el abrupto final de la era Maduro en Venezuela

La salida de Nicolás Maduro del poder en Venezuela ha sido un proceso caótico y lleno de incertidumbres, marcado por la intervención militar estadounidense y la negociación entre las partes. Lejos de una transición democrática ordenada, el final del régimen chavista ha dejado al descubierto las grietas y los intereses contrapuestos que subyacen en la crisis venezolana.

La operación que provocó la detención de Maduro fue ejecutada con precisión militar, pero sus consecuencias políticas son aún impredecibles. Según la información recabada, el gobierno de Trump negoció directamente con Maduro y con la vicepresidenta Delcy Rodríguez las condiciones de su salida del poder, lo que pone en duda la narrativa de una "liberación" del pueblo venezolano.

Lejos de buscar la restauración de la democracia, el principal interés de Estados Unidos parece haber sido asegurar la estabilidad y el acceso a los recursos naturales del país, especialmente el petróleo y el litio. La rápida reintegración de los líderes opositores exiliados, como María Corina Machado, y la celebración de elecciones libres no figuraron entre las prioridades de la Casa Blanca.

En este sentido, la salida de Maduro no ha sido el resultado de una "revolución" popular, sino más bien de una "transición pactada" entre las élites políticas y económicas, tanto venezolanas como estadounidenses. El caos y la violencia que se temían no se han materializado, lo que sugiere que el operativo fue cuidadosamente planificado y controlado.

Sin embargo, las consecuencias a largo plazo de esta intervención extranjera son impredecibles. La violación de la soberanía venezolana y el precedente sentado podrían tener efectos desestabilizadores en toda la región, alentando a otros países a tomar medidas unilaterales y socavando el orden internacional.

Además, la falta de un plan claro para la reconstrucción y la reconciliación nacional en Venezuela deja abierta la puerta a nuevos conflictos y a la posibilidad de que surjan nuevos liderazgos autoritarios. La democracia venezolana sigue siendo frágil y su futuro, incierto.

En resumen, el final de la era Maduro ha sido más un reflejo de los intereses geopolíticos y económicos de Estados Unidos que de una verdadera transición democrática. La comunidad internacional deberá estar atenta a los próximos pasos y asegurarse de que los derechos y la voluntad del pueblo venezolano sean respetados.

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