La llegada del invierno trae consigo una serie de desafíos para los conductores, quienes deben prestar especial atención a diversos componentes de sus vehículos para garantizar una conducción segura y evitar incidentes en carretera. Según expertos, en estos meses los talleres reciben más consultas relacionadas con averías directamente vinculadas a las bajas temperaturas y el desgaste adicional que provocan.
Entre las revisiones más importantes a realizar antes de salir a la carretera destacan los frenos, las luces y los neumáticos. Sin embargo, otros elementos menos visibles, como los líquidos y la batería, también son esenciales y deben ser revisados con cuidado.
El frío afecta de forma particular a la batería y los líquidos del motor. Mateo Tornos, responsable de Talleres Mateo 2.0, advierte que "las baterías sufren especialmente con el frío y conviene revisarlas antes de ponerse en ruta". El experto señala que las temperaturas bajas reducen la capacidad de carga y aceleran el desgaste del componente, dejando el vehículo expuesto a fallos súbitos.
Asimismo, el aceite del motor, el líquido refrigerante, el de frenos y el limpiaparabrisas son puntos de control obligados antes de cualquier trayecto largo en invierno. Un nivel insuficiente de refrigerante puede ocasionar un sobrecalentamiento del motor, mientras que una fuga en el líquido de frenos afecta la respuesta al detenerse.
La revisión de estos elementos suele quedar para el taller únicamente cuando aparecen señales evidentes, pero las recomendaciones de la DGT insisten en la importancia de comprobar estos niveles antes de arrancar, para evitar sorpresas en plena ruta.
Según Tornos, una batería con menos del 50% de capacidad puede no soportar el invierno, y en vehículos eléctricos esto se traduce en menos kilómetros por carga y un descenso del rendimiento. Además, el experto alerta sobre las baterías económicas o de baja calidad, que pueden presentar problemas cuando bajan las temperaturas.
El invierno también exige una revisión detallada de los neumáticos. La rigidez del caucho aumenta con el frío y la goma pierde elasticidad, lo que modifica el contacto con el asfalto. Agua, nieve o hielo en la calzada incrementan el riesgo de deslizamientos y amplían la distancia de frenado.
Para carreteras con nieve o heladas frecuentes, los expertos recomiendan los neumáticos de invierno, desarrollados para conservar su adherencia a pesar de las condiciones. Además, la legislación exige cambiar los neumáticos cuando el surco principal baja de 1,6 milímetros de profundidad.
La presión de los neumáticos también varía con el descenso de la temperatura. Cada vez que la temperatura baja cinco grados, la presión puede disminuir en 0,07 bares. Por ese motivo, revisar la presión con más frecuencia y ajustarla ligeramente por encima del valor habitual ayuda a mantener la seguridad, especialmente antes de un viaje con el coche cargado.
Más allá de esto, las cadenas para las ruedas resultan imprescindibles en rutas de montaña o ante previsión de nevadas. Su uso protege el neumático y, en algunos tramos, la normativa puede exigirlas por motivos de seguridad. Para quienes buscan una solución práctica durante todo el año, existen los neumáticos "cuatro estaciones", que permiten circular bajo diferentes condiciones climáticas.
En resumen, la llegada del invierno exige una revisión exhaustiva de diversos componentes del vehículo para garantizar una conducción segura y evitar problemas en carretera. Expertos recomiendan prestar especial atención a la batería, los líquidos y los neumáticos, y no dejar estas revisiones para el último momento.












