La discusión pública se ha centrado en si la operación que culminó con el arresto del presidente venezolano Nicolás Maduro pone en riesgo el orden internacional. Sin embargo, esta pregunta es incompleta. El verdadero riesgo radica en la normalización de pactos opacos que se presentan como gestas unilaterales, en los que se transa el acceso a materias primas indispensables para el desarrollo económico de las potencias, mientras los actores internos conservan poder y acceso a rentas estratégicas, sin consideración alguna por el derecho internacional ni por la dignidad humana y sus derechos.
Lejos de ser un acto improvisado o una decisión unilateral, la operación de Estados Unidos que llevó a la captura de Maduro y su esposa Cilia Flores fue el resultado de un intercambio político cuidadosamente pactado, en el que ambas partes obtuvieron beneficios concretos: petróleo a cambio de poder.
La evidencia sugiere que existió un acuerdo previo entre Estados Unidos y autoridades del régimen chavista. La precisión con la que se ejecutó la operación, que incluyó el ingreso de más de 150 aeronaves al espacio aéreo venezolano, bombardeos selectivos y un número acotado de víctimas, no podría haberse logrado sin la complicidad de actores clave del poder chavista.
Además, la falta de resistencia por parte de las Fuerzas Armadas venezolanas y la contención de figuras como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López, ministros clave del régimen, refuerzan la idea de un pacto previamente establecido. Incluso la reacción de Delcy Rodríguez, asumida como vicepresidenta a cargo, fue más formal que desesperada, lo que sugiere que estaba en condiciones reales de negociar un acuerdo de beneficio mutuo.
Aquí aparece el elemento decisivo: Delcy Rodríguez no solo es vicepresidenta, sino que también controla la economía y el petróleo venezolanos. En ese sentido, se encontraba en una posición privilegiada para sentar las bases de un acuerdo que satisficiera los intereses de Estados Unidos, cuyo principal objetivo ha sido explicitado sin ambig edades: el petróleo.
Los trascendidos indican que estas conversaciones habrían contado con la intermediación de Qatar, un actor habitual en acuerdos donde confluyen energía, geopolítica y supervivencia política.
Lamentablemente, la izquierda ha quedado atrapada en el marco cómodo del imperialismo, denunciando con razón la violación del derecho internacional, pero negándose a reconocer la responsabilidad activa de las élites autoritarias locales, que han entendido que el ciclo de Maduro se agotó definitivamente con el desconocimiento del resultado electoral de 2024.
Con la evidencia a la vista, negar lo ocurrido resulta revelador. Fue un cambalache: petróleo a cambio de poder.






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