La reciente detención del presidente venezolano Nicolás Maduro ha provocado un gran revuelo político y migratorio entre la comunidad venezolana en Estados Unidos. Con más de 500.000 beneficiarios del Estatus de Protección Temporal (TPS), la incertidumbre se ha apoderado de esta población ante la posibilidad de que el programa llegue a su fin.
La Secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, sugirió que el TPS podría terminar debido a un cambio en las condiciones de peligro en Venezuela. Sin embargo, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) aclaró que no se ha anunciado un cierre inmediato del programa, sino que se enfatizó la intención de que los venezolanos regresen eventualmente a "su país querido".
Ante el temor de posibles deportaciones masivas, las alcaldesas de Miami-Dade y la ciudad de Miami han hecho un llamado al gobierno federal para que actúe con prudencia y facilite una transición más humana. Argumentan que, aunque la cabeza de la dictadura haya caído, las estructuras de persecución y la inestabilidad institucional siguen presentes, lo que hace necesario mantener las protecciones migratorias.
Si el TPS llega a su fin, los venezolanos tendrán que buscar otras formas de alivio, como solicitar asilo. Para calificar, deben demostrar persecución pasada y un miedo fundado de persecución futura. El abogado de inmigración Ángel Álvarez señala que existe una confusión terminológica en el gobierno entre "refugio" y "asilo".
Mientras tanto, el DHS mantiene el TPS vigente por ahora, pero los expertos aconsejan a los venezolanos comenzar los procesos de asilo de inmediato para asegurar su permanencia legal en caso de que el programa termine.
La comunidad venezolana en Estados Unidos se encuentra en una situación de incertidumbre, a la espera de las decisiones que tome el gobierno federal sobre el futuro del TPS. La transición hacia otras formas de alivio migratorio, como el asilo, se perfila como una alternativa crucial para mantener la protección de esta población.












