A pesar de las proyecciones macroeconómicas que auguran un crecimiento del PIB cercano al 4% en 2025, impulsado por el Canal, la logística y los servicios financieros, la realidad microeconómica de Panamá sigue estancada en un país con profundas desigualdades.
Más de 200,000 personas buscan trabajo en un mercado laboral disfuncional, donde la informalidad alcanza a 950,000 personas, sin seguridad social ni protección laboral. Esta situación es extrema en regiones como Guna Yala (92%), Darién (65%) y Bocas del Toro (61%), donde trabajar sin seguridad implica no tener pensión futura, carecer de cobertura ante accidentes y quedar excluido del crédito.
Incluso la educación universitaria no garantiza la movilidad social, pues abundan profesionales subempleados, mientras que oficios y formas de autoempleo generan ingresos similares, pero sin derechos.
El presidente José Raúl Mulino ha reconocido que el Estado no puede seguir siendo el principal generador de empleo, pues esta lógica ha debilitado tanto las finanzas públicas como la cultura productiva. Sin embargo, su visión presenta un vacío clave desde la óptica microeconómica.
La microeconomía requiere empleo real, ingresos estables y reglas claras. Un impulsor evidente es el turismo descentralizado, aprovechando la biodiversidad, las culturas vivas y el potencial para el turismo comunitario, ecológico y científico. Sin embargo, la informalidad en este sector es perseguida con decomisos y expulsiones, en lugar de ser organizada y formalizada.
Recursos no faltan en Panamá, pero están mal asignados. Según la CEPAL, la evasión fiscal ronda los 4,000 millones anuales, y un escenario conservador de corrupción (4% del PIB) implica 3,500 millones adicionales perdidos cada año. En conjunto, evasión y corrupción superan los 7,000 millones, más de dos veces y media lo aportado por el Canal de Panamá.
Revertir la precariedad exige ordenar la microeconomía, no inflar planillas. Reducir la informalidad toma entre tres y cinco años, con métricas claras: más cotizantes en la seguridad social, aumento del ingreso promedio por hogar, menos empleo "botella" o capturado por la palanca política y más emprendimientos que sobrevivan más de dos años.










