La captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte de Estados Unidos ha reconfigurado el tablero geopolítico regional y generado incertidumbre sobre el futuro de Vaca Muerta y el Gas Natural Licuado (GNL) argentino.
La salida de los barriles venezolanos del mercado podría sostener o elevar el precio del Brent a corto plazo, lo que beneficiaría a las petroleras que operan en Vaca Muerta. Sin embargo, a mediano plazo, la estrategia de seguridad nacional de Donald Trump de inundar el mercado con crudo pesado venezolano para bajar los precios, pondría en riesgo la competitividad de los proyectos argentinos.
Según expertos consultados, un escenario de precios bajos "aceleraría inversiones" en la cuenca neuquina, mientras que si el precio baja, el efecto sería la ralentización. Esto implicaría que Argentina necesitaría duplicar la inversión, unos USD 28.000 millones, para desarrollar Vaca Muerta a un ritmo más acelerado.
Más allá de los precios, el conflicto en Venezuela también afecta la estrategia de venta del GNL argentino. Hasta ahora, Argentina "vendía" su gas al mundo destacando que Sudamérica es una "zona de paz", libre de los riesgos bélicos de Medio Oriente o los bloqueos de Europa del Este. Sin embargo, un conflicto en Venezuela eliminaría este atributo, complicando el cierre de contratos a 20 años.
En este contexto de incertidumbre, el mercado ha reaccionado con cautela. Si bien los bonos soberanos venezolanos subieron más del 25%, los analistas lo interpretan más como apuestas tácticas y especulativas que como inversiones sustentadas en fundamentos. Asimismo, el precio internacional del petróleo permaneció prácticamente inalterado, lo que sugiere que el mercado ya descontaba algún tipo de desenlace político en Venezuela.
Más allá de los efectos económicos, la acción estadounidense también puede leerse como una señal de disputa estratégica con China en América Latina, en particular por el control de los minerales críticos venezolanos, hoy dominados por Beijing.












