A las afueras de Bogotá, en el municipio de Funza, se encuentra un lugar que pocos conocen: el "Cementerio de TransMilenios". Allí reposan, alineados y oxidados por el tiempo, los viejos buses articulados que durante casi dos décadas formaron parte del sistema de transporte público de la capital colombiana.
Estos articulados operaron en Bogotá entre los años 2000 y 2019, como parte de la primera fase de TransMilenio. Sin embargo, cuando los contratos de concesión con la empresa Si 99 S.A. llegaron a su fin, los buses debieron dejar de circular por la ciudad.
Según lo establecido en los acuerdos, los vehículos no podían volver a prestar servicio de transporte público en Bogotá. Para garantizarlo, la empresa asumió una póliza que respaldaba esta restricción. Así, una vez concluida su etapa de operación, los buses fueron trasladados a Funza, donde hoy permanecen abandonados, con vidrios rotos, llantas desinfladas y estructuras que se confunden con el entorno.
"No es un escondite ni un limbo legal: es, simplemente, el lugar donde fueron a parar", explica el artículo. Estos buses no son propiedad del Distrito ni de TransMilenio S.A., sino de una empresa privada cuyo vínculo contractual con la ciudad ya se cerró. Por lo tanto, la decisión sobre su destino final quedó en manos de la concesionaria.
Si bien en un principio existió la intención de vender los articulados a otras ciudades o al exterior, este plan nunca se concretó. Las condiciones del mercado, las restricciones normativas y el desgaste natural de los vehículos terminaron por congelar cualquier salida comercial.
Hoy, el "Cementerio de TransMilenios" en Funza se ha convertido en un recordatorio silencioso de las primeras decisiones que dieron forma al sistema de transporte público de Bogotá. Un testimonio de la evolución y los desafíos que ha enfrentado TransMilenio a lo largo de los años.












