Chile, el mayor productor mundial de cobre, enfrenta importantes desafíos en su industria minera debido a los altos costos de inversión y operación. Según un estudio de Cochilco, el organismo chileno encargado de la minería, el país registra las tasas más altas de inversión de capital en plantas concentradoras de cobre, tanto en las grandes como en las medianas, en comparación con otros países de la región.
Uno de los principales factores que explica estos mayores costos es la baja ley del mineral, la alta dureza de la roca y la ubicación remota de los proyectos, especialmente en el desierto de Atacama. Esto eleva los gastos en infraestructura, equipos y transporte de materiales. Además, Chile enfrenta escasez de mano de obra calificada y altos salarios, lo que se traduce en mayores costos laborales.
Otro desafío clave es el alto costo de la energía eléctrica en Chile, que supera en más de un 28% a los precios de sus competidores regionales. Esto se debe a la dependencia histórica de combustibles fósiles importados y la instalación de centrales térmicas de alto costo, así como a los altos costos de transmisión y peajes en el sistema eléctrico nacional.
A pesar de estos obstáculos, Chile sigue liderando la producción mundial de cobre, con una participación que duplica a la del segundo productor, la República Democrática del Congo. Sin embargo, la vicepresidenta ejecutiva (s) de Cochilco, Claudia Rodríguez, advierte que este escenario de mayores costos estructurales afecta especialmente a los proyectos mineros greenfield, elevando el umbral de rentabilidad y aumentando la sensibilidad a desviaciones y cambios en el ciclo económico.
Para mantener su liderazgo, la industria minera chilena deberá enfocarse en proyectos de expansión y reposición de operaciones existentes, desarrollos modulares y reutilización de infraestructura, con el fin de disminuir la incertidumbre técnica, acortar plazos y aumentar la probabilidad de ejecución.











