La líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, ha enviado un mensaje claro a la industria energética estadounidense: Venezuela está lista para abrir su sector petrolero al capital privado. En una serie de reuniones con ejecutivos y financieros, Machado ha prometido que la producción estaría "totalmente impulsada por el sector privado", los activos de la estatal PDVSA se subastarían y los inversores tendrían protección contractual y arbitraje internacional.
Esta oferta llega en un momento crucial, después de que Estados Unidos derrocara al presidente Nicolás Maduro el pasado fin de semana. Venezuela posee alrededor del 17% de las reservas mundiales de crudo, pero su producción se ha desplomado más de un 75% en los últimos años debido a la corrupción, la mala gestión y el deterioro de la infraestructura.
Para Washington, recuperar el control de la industria petrolera venezolana sería un gran premio. No solo ayudaría a las grandes petroleras estadounidenses a reponer sus reservas, sino que también reduciría la dependencia de Canadá y permitiría presionar a China, el principal comprador actual del crudo venezolano.
Sin embargo, los expertos advierten que la tarea de reconstruir la industria petrolera de Venezuela no será ni rápida ni barata. Podría llevar años y requerir decenas o incluso cientos de miles de millones de dólares, en un momento en que las grandes compañías estadounidenses se enfrentan a la caída de los precios del crudo.
Además, las empresas serán cautelosas a la hora de invertir, dado el historial de expropiaciones y discrepancias entre promesas y realidad en Venezuela. Asegurar las garantías contractuales y la independencia operativa serán cruciales para atraer a los inversores.
La magnitud del deterioro de la industria también es incierta, y desentrañar los intereses de China y Rusia en el país será complicado. Como advierte la analista Helima Croft, "capturar a Maduro puede haber sido la parte fácil. El desafío más difícil es cómo reconstruir este país".











