La captura del presidente Nicolás Maduro ha abierto una nueva crisis en la oposición venezolana, que se encuentra dividida y sin un liderazgo claro para encabezar la transición democrática. Pese a la esperada "Día D", la operación de las fuerzas especiales no desembocó en un alzamiento popular ni en una explosión de júbilo, sino en un escenario de desconcierto y parálisis.
La paradoja es que la caída de Maduro, un hecho que debería haber unido a la oposición, ha abierto de nuevo la puerta a las divisiones internas. El ecosistema de fuerzas críticas con el régimen bolivariano es muy complejo, con diferencias ideológicas y tácticas que han debilitado reiteradamente su propósito común de lograr una transición democrática.
Figuras como Henrique Capriles, Stalin González o Tomás Guanipa, que participaron en las últimas elecciones legislativas contra el criterio de la coalición, se sientan ahora en la Asamblea Nacional junto a una minoría opositora considerada genuina. Mientras tanto, la líder María Corina Machado, quien arrasó en las primarias pero no pudo concurrir a los comicios, ha sido descartada por Estados Unidos para liderar la transición.
Según el secretario de Estado estadounidense, Machado carece del "apoyo y el respeto dentro del país", en referencia al control de las Fuerzas Armadas, un factor clave en este momento. En su lugar, la figura clave será la vicepresidenta Delcy Rodríguez, a quien Maduro fortaleció tras las últimas elecciones presidenciales.
La oposición liderada por Machado y el exiliado Edmundo González Urrutia se enfrenta así al enésimo desafío: tener el espacio por el que lucharon en un país sin Nicolás Maduro, pero sin un liderazgo claro y con la incertidumbre sobre el papel que jugará el Ejército en la transición.











