A principios del siglo XX, una crisis diplomática y militar envolvió a Europa, América Latina y Estados Unidos, desencadenada por la deuda de Venezuela con países europeos. La respuesta de Argentina, liderada por el presidente Julio Argentino Roca, marcó un hito en la defensa de la soberanía latinoamericana.
En 1903, Venezuela, gobernada por el dictador Cipriano Castro, se negó a pagar las deudas contraídas con ciudadanos europeos por daños sufridos en la guerra civil. Ante la presión de los bancos europeos, el Reino Unido, Alemania e Italia conformaron una coalición militar para cobrar por la fuerza.
Las fuerzas europeas hundieron y capturaron la marina venezolana, tomaron los puertos más importantes y se hicieron cargo de las aduanas y los impuestos de importación y exportación, destinándolos al pago de la deuda.
Para el gobierno argentino de entonces, aceptar lo que estaba sucediendo en Venezuela entraba en conflicto con su política exterior. Roca instruyó a su canciller José María Drago a rechazar la actitud de las potencias europeas y reclamar la solidaridad continental con Venezuela.
Así nació la "Doctrina Drago", que establecía que no se puede cobrar deudas de los Estados por la fuerza de las armas. Esta teoría generó debates en Europa y dejó huella en las relaciones internacionales de la década siguiente.
Si bien Estados Unidos recibió la Doctrina Drago, eludió una posición activa, ni condenando ni apoyando la iniciativa argentina. Washington prefirió asumir un rol de mediador, logrando que Venezuela reconociera las deudas, pero con un pago menor a la mitad de su monto y en cuotas.
La habilidad diplomática de Argentina en este conflicto marcó un hito en la defensa de la soberanía latinoamericana frente a las potencias extranjeras. Más de un siglo después, la historia muestra antecedentes y semejanzas con los conflictos actuales, pero también la importancia de la voz de la región en la escena internacional.












