Kerri Cunningham y Dirk Stevens se conocieron cuando eran adolescentes en Europa en 1993 y vivieron un intenso romance que se vio interrumpido por la vida adulta. Años después, tras enfrentar duras pruebas personales, se reencontraron en Irlanda y decidieron darle una segunda oportunidad a su amor.
El flechazo entre Kerri, de 14 años, y Dirk, de 15, fue instantáneo cuando se conocieron durante unas vacaciones familiares en Europa. Pasaron dos semanas juntos, enamorándose y escapándose a fiestas. Aunque tuvieron que despedirse, acordaron volver a encontrarse al año siguiente en Estados Unidos.
Durante los siguientes años, mantuvieron una relación a distancia, enviándose cartas y hablando por teléfono. Sin embargo, a medida que fueron creciendo, la comunicación se fue apagando, y cada uno siguió su camino. Kerri se casó con un amigo de la infancia, mientras que Dirk tuvo tres hijos.
Años después, la vida les volvió a cruzar los caminos. Kerri quedó devastada tras la muerte de su padre por ELA, y Dirk también sufrió duros golpes, como la enfermedad de su hija y el fallecimiento de su madre. Fue entonces cuando decidieron reencontrarse en Irlanda, donde abrieron sus corazones y se confesaron su amor.
Desde ese momento, Kerri y Dirk han consolidado su relación. A sus 40 años, viven juntos, intentando compaginar sus vidas entre Estados Unidos y el Reino Unido. Para Kerri, conocer a los hijos de Dirk ha sido "un verdadero regalo", a pesar de no haber podido tener hijos con su anterior marido.
Esta historia de amor de adolescencia que se reaviva décadas después demuestra que el destino a veces tiene planes inesperados para aquellos que se cruzan en la vida. Kerri y Dirk han sabido aprovechar una segunda oportunidad y apostar por su romance, a pesar de los obstáculos que la vida les ha puesto en el camino.











