El 3 de enero de 2026, a la 1:58 a.m., mientras Venezuela dormía, misiles estadounidenses impactaron contra zonas civiles y militares en Caracas, Miranda, Aragua y La Guaira, culminando con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Este ataque se enmarca en la "guerra híbrida" que Washington lleva a cabo contra Venezuela desde hace más de 25 años, llegando a su punto más álgido con esta acción criminal.
El Gobierno venezolano denunció la "gravísima agresión militar" que amenaza la paz y estabilidad de América Latina y el Caribe, decretando el estado de Conmoción Exterior en todo el territorio nacional. Asimismo, convocó al país a activarse ante esta "maniobra imperialista" y solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU.
En respuesta, el presidente estadounidense, Donald Trump, confirmó su responsabilidad detrás de la operación y amenazó con un segundo ataque si Venezuela no admitía ser administrada por su Gobierno. Esta acción representa un flagrante desafío al Derecho Internacional y a la soberanía de Venezuela.
Ante esta grave situación, el pueblo venezolano se movilizó masivamente en las calles de Caracas, expresando su apoyo y confianza en el presidente Maduro. La Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia ordenó que la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, asuma la jefatura de Estado para garantizar la continuidad administrativa y la defensa integral de la nación.
Posteriormente, se confirmó que Nicolás Maduro fue trasladado al Centro de Detención Metropolitano en Brooklyn, Nueva York, después de ser secuestrado y escoltado por una caravana de vehículos policiales. Esta acción representa un grave atentado contra la democracia y la soberanía de Venezuela, que sin duda tendrá serias repercusiones a nivel regional e internacional.












