El Partido Socialista (PS) se encuentra en un proceso de reflexión y autocrítica tras la aplastante derrota en las elecciones presidenciales ante José Antonio Kast. En su comité central del 10 de enero, el partido definirá la estrategia que adoptará para ejercer una "oposición colaborativa" al nuevo gobierno, sin dejar de defender los derechos sociales de la ciudadanía.
Según fuentes al interior del PS, la colectividad reconoce que hubo una "desconexión con la realidad del país", donde el enfoque en temas de género pareció más importante que problemas clave como la delincuencia, la inmigración y la economía, que fueron las banderas principales de Kast. Esto habría sido clave en la derrota electoral.
Además, el PS ha expresado su apoyo a la postulación de la expresidenta Michelle Bachelet para ocupar el cargo de Secretaria General de la ONU, una posición que busca que el nuevo gobierno también respalde.
La líder del PS, la senadora Paulina Vodanovic, ha dejado claro que el partido no buscará "quemar la calle" con movilizaciones, como propone el Partido Comunista. Por el contrario, el PS se define como una "oposición colaborativa sin prejuicios", dispuesta a evaluar las propuestas y acuerdos que presente el gobierno de Kast, aunque advirtiendo que esto no significa otorgar un "cheque en blanco".
Vodanovic reconoce que la izquierda ha permitido que la derecha se adueñe de las banderas de la seguridad, la inmigración y la economía, y que esto fue un "pecado" que contribuyó a la derrota. Incluso, durante su propia campaña al Senado en 2021, fue criticada por poner énfasis en la realidad delictiva.
En paralelo, la líder socialista ha desarrollado un diálogo con el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, con quien se reunirá próximamente para abordar "temas pendientes". Esta apertura al diálogo con la derecha forma parte de la estrategia de "oposición colaborativa" que el PS buscará implementar.
En el comité central del 10 de enero, el PS realizará una "autopsia política" de la derrota electoral, reconociendo que la aplastante victoria de Kast no fue un "accidente", sino el resultado de una maquinaria que dejó de funcionar en los territorios donde solían tener dominio, y de una "borrachera" que alguien tendrá que pagar.
El secretario general del PS, Álvaro Elizalde, ha sido claro en su crítica: el partido y su coalición perdieron la fuerza territorial que ostentaron por un cuarto de siglo, y en el camino se olvidaron de cómo hablarle al centro político para sumar fuerzas. Ahora, el PS se prepara para asumir una nueva etapa de "oposición colaborativa" ante el gobierno de Kast.











