La expresión "Occidente" era vaga y flexible, pero sus fundamentos eran claros: poder limitado, estado de derecho, multilateralismo, pluralismo, laicidad, una mezcla de Estado y mercado, individuo y comunidad, fe y razón. Y una vocación universalista y cosmopolita, típica tanto del cristianismo como de la Ilustración, los dos ríos que, ahora chocando ahora fusionándose, lo habían formado. Esto, a grandes rasgos, unía a Occidente por encima de su heterogeneidad, esto lo distinguía de las civilizaciones donde esos ingredientes eran tenues o inexistentes.
Sin embargo, para el expresidente estadounidense Donald Trump, este Occidente tal y como lo conocíamos está "muerto". En su lugar, Trump propone un Occidente antiliberal, identitario y nacionalista, confesional y supremacista. Una visión que choca frontalmente con los valores de la civilización liberal que durante décadas han sido enarbolados por Estados Unidos y sus aliados.
En sus declaraciones, Trump ha acusado a Europa de "violar las libertades" y "obstaculizar el dinamismo económico". Incluso ha llegado a afirmar que las "políticas migratorias" del Viejo Continente amenazan con conducir a la "cancelación de la civilización". Una retórica que se asemeja peligrosamente a la de los gobiernos y partidos soberanistas europeos, con los que Trump comparte su "vocación autocrática, el mismo nacionalismo, el mismo complejo antieruropeo".
Pero las críticas de Trump van más allá. El exmandatario ha manifestado su admiración por el presidente ruso Vladimir Putin, llegando a afirmar que "nunca le preguntó su opinión" por "miedo a lo que pudiera decir". Una postura que contrasta con el apoyo que Estados Unidos y sus aliados han brindado a Ucrania frente a la agresión rusa.
Según el analista Loris Zanatta, la "doctrina Trump" ha caído en Europa "como una declaración de guerra". Para muchos, sus argumentos suenan "grotescos" y parecen olvidar que él mismo "ataca a una autoridad independiente, intenta imponer mordazas, lanza insultos vulgares contra tal o cual comunidad".
Sin embargo, Zanatta reconoce que Trump también acierta en algunas de sus críticas, como el envejecimiento de la población europea, la estática economía o los problemas derivados de la inmigración. Pero advierte que las soluciones que propone, ya sea la "demagogia permisiva" o la "demagogia intransigente", son igualmente dañinas para los valores de la civilización liberal.
En este contexto, el analista considera que la mejor respuesta sería "relanzar el proyecto europeo" y "cerrar filas en torno a la defensa de sus valores fundacionales". Una tarea titánica, reconoce, pero necesaria para evitar que el "espíritu liberal" termine por extinguirse en Occidente.











