Por Silvia Ethel Matus nos comparte un poema que reflexiona sobre la amistad a través de los verbos que describen momentos de la vida, desde el amanecer hasta el atardecer, pasando por la risa de los nietos, la pasión del amor y el misterio de la muerte.
El poema comienza con una advertencia: "No podrás: Aprehenderla luz difuminada del amanecer". Aquí la autora nos dice que hay cosas de la amistad que no se pueden capturar por completo, como la belleza efímera del amanecer. La amistad, como la luz del alba, es sutil y escurridiza.
Sin embargo, sí podemos "gozar al escuchar la risa de tus nietos" o "replicar la ascendente curva del deseo hasta llegar al espasmo del orgasmo". Estos verbos nos hablan de los momentos de plenitud y conexión que la amistad puede traer a nuestras vidas, desde la alegría de los seres queridos hasta la intimidad más profunda.
Pero también hay sombras en la amistad, como "la ternura en el beso de la amante" que se desvanece, o "la memoria recurrente de los muertos" que nos recuerda lo efímero de la vida. Aquí la autora nos muestra que la amistad también implica aceptar la pérdida y el dolor.
En el poema, incluso la "sonrisa de Dios en el atardecer" parece inalcanzable, sugiriendo que hay misterios en la amistad que van más allá de nuestra comprensión. La autora nos invita a abrazar lo inefable, lo que no se puede aprehender por completo.
En resumen, este poema es una reflexión profunda sobre la naturaleza de la amistad, sus luces y sombras, sus momentos de plenitud y sus misterios. A través de los verbos, Silvia Ethel Matus nos muestra que la amistad es una experiencia compleja y multifacética, que nos desafía a aceptar tanto lo tangible como lo intangible.


