El calendario que usamos hoy en día tiene sus raíces en la antigua civilización romana, con una larga historia de reformas y ajustes a lo largo de miles de años. Cada uno de los 12 meses que conforman nuestro año actual tiene un origen particular, ya sea en referencia a deidades, emperadores o simplemente la posición numérica que ocupaban.
Enero, el primer mes del año, deriva su nombre del dios romano Jano, representado con dos caras que miraban al pasado y al futuro. Febrero, por su parte, hacía referencia a la festividad romana de la Februa, un ritual de purificación.
Marzo era originalmente el inicio del año para los romanos, llamado Martius en honor al dios de la guerra, Marte. Abril probablemente tenga sus orígenes en la diosa griega del amor, Afrodita, o en el verbo latino "abrir", en referencia al florecimiento de la primavera.
Mayo y junio también rinden homenaje a deidades femeninas, Maia y Juno respectivamente, mientras que julio y agosto fueron rebautizados en honor a los emperadores Julio César y Augusto.
Los meses restantes, de septiembre a diciembre, simplemente conservaron sus nombres numéricos en latín: septem (siete), octo (ocho), novem (nueve) y decem (diez).
Fue la reforma del calendario gregoriano, impuesta por el Papa Gregorio XIII en 1582, la que finalmente fijó el orden y duración de los meses tal y como los conocemos hoy. Así, el origen de los nombres de los 12 meses refleja la larga y compleja historia del calendario que rige nuestras vidas.









