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El Descanso Bien Entendido: Cómo Evitar el Conformismo y Mantener el Impulso Creativo

El Descanso Bien Entendido: Cómo Evitar el Conformismo y Mantener el Impulso Creativo

El descanso es una herramienta fundamental para el músico y el artista, pero un descanso mal gestionado puede convertirse en una trampa peligrosa. En un artículo reflexivo, un músico argentino residente en el país analiza los peligros del conformismo que acecha cuando nos dejamos llevar por la comodidad y abandonamos nuestros sueños.

El autor comienza reconociendo que en Argentina, como en otros países del hemisferio sur, los meses de verano coinciden con un largo período de vacaciones escolares y familiares. Es un momento en el que la ciudad de Buenos Aires cambia de ritmo y se llena de turistas que escapan del frío. Para el argentino, estas fechas no solo marcan el paso del tiempo, sino también una pausa necesaria en la rutina.

Sin embargo, el autor advierte que no todo descanso es igual. Hay pausas que regeneran el cuerpo y la mente, pero también las hay peligrosas que pueden hundirnos en un "insidioso estancamiento". El miedo al descanso, dice, no siempre nace del deseo de superación, sino del temor a caer en el conformismo, ese estado en el que uno se convence de que "así está bien", cuando en el fondo sabe que está abandonando sus sueños.

Para ilustrar este fenómeno, el autor pone dos ejemplos: el de un estudiante que aprueba un examen de biología, pero luego olvida todo lo estudiado; y el de un viajero que retiene un número de habitación durante su estadía, pero lo olvida al salir del hotel. Estos son casos de "memoria útil, pero de muy corto plazo", que también suceden en la música académica, donde se prepara una pieza hasta el día del examen y luego se la abandona.

El descanso bien entendido, dice el autor, es una herramienta de trabajo, pero cuando se confunde con la comodidad, puede convertirse en una excusa. Pregunta a sus estudiantes músicos cuántas veces dejan de estudiar una obra difícil o de insistir en una técnica compleja, no por cansancio real, sino porque el mínimo esfuerzo les da ya una "falsa sensación de logro". En ese momento, el descanso deja de ser una pausa y se convierte en rendición y resignación.

El peligro se agrava, advierte, en contextos culturales donde la frustración colectiva alimenta una "ética de lo posible". En países golpeados por crisis o carencias, luchar por un ideal artístico se ve como una "necedad" o "fantasía", y quienes siguen estudiando, componiendo o soñando con grabar un disco o tocar en otro país, son vistos como "ingenuos". La mediocridad disfrazada de realismo es otra forma de conformismo.

Pero también existe, dice, el extremo opuesto: el miedo a descansar por temor a parecer conformista. Este miedo puede llevarnos a la autoexplotación, a estudiar o trabajar sin parar, ignorando el agotamiento y sin permitirnos la duda. Quien no quiere conformarse se exige más allá de lo sano, y así como descansar en exceso nos aleja de la excelencia, el nunca descansar nos acerca al colapso.

El secreto, según el autor, está en el "equilibrio lúcido": saber reconocer cuándo descansamos para cuidar el "fuego interior" y cuándo lo hacemos para apagarlo. Porque no todos los que descansan se rinden, pero muchos que se rinden empiezan diciendo "solo me estoy tomando un tiempo".

Hay también, profundiza, una tensión ideológica y cultural heredada, donde descansar equivale a desertar. Quienes crecieron en contextos de luchas políticas o crisis nacionales, arrastran una "sensación de deuda constante" que les exige un sacrificio sin tregua.

Pero el verdadero artista, cita al filósofo Albert Camus, "no se conforma nunca" y sabe que los logros no son un techo, sino un piso. Lo importante no es lo que ya se hizo, sino lo que aún vibra como posibilidad. Aprender a descansar sin conformarse, a pausar sin desertar, es una de las lecciones más difíciles del camino artístico.

Descansar sí, concluye el autor, pero siempre que sea para volver, para tomar impulso, para profundizar. Nunca un descanso "vacío, anestesiado, resignado". Cada pausa debe llevar escondida una promesa: la de volver a tocar con más honestidad, más fuerza y más verdad. Porque los sueños no mueren por falta de talento, sino por exceso de conformismo.

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