El Caribe atraviesa uno de los momentos más tensos y delicados en años, con una peligrosa escalada militar impulsada por Estados Unidos, que ha intensificado su presencia en la región y endurecido sus acciones contra Venezuela, incluyendo la incautación de buques petroleros. Este escenario geopolítico de alta tensión se combina con un grave escándalo de corrupción que sacude al sistema de salud dominicano, perturbando el ambiente navideño y generando un clima de inquietud y desprotección entre la población.
La República Dominicana queda particularmente expuesta en este contexto, debido a su alineamiento estratégico con la política estadounidense en el Caribe, tras la firma de un acuerdo que cede áreas en aeropuertos y bases militares para el apoyo logístico de las fuerzas de Estados Unidos. Esta decisión, ampliamente cuestionada, se produce en un momento de profundo desgaste institucional y malestar social en el país, agravado por el escándalo de corrupción en el Seguro Nacional de Salud (SENASA), que golpea directamente el acceso a la salud de millones de dominicanos.
La combinación de presiones externas, cuestionamientos a la soberanía, corrupción y deterioro de servicios esenciales configura un escenario de alto riesgo para la gobernabilidad y la estabilidad política en la República Dominicana, en medio de un ambiente navideño perturbado por la tensión y la incertidumbre.
Mientras tanto, Venezuela mantiene una postura de contención, dejando claro que se prepara para defenderse, pero sin alimentar la escalada ni caer en provocaciones, en contraste con el discurso beligerante del presidente Trump, que parece concentrar su acción exterior casi exclusivamente en el Caribe y Venezuela, en un posible intento de desviar la atención de los problemas internos de Estados Unidos.
La actual coyuntura en el Caribe proyecta consecuencias imprevisibles para la región, con la convergencia de intereses de las grandes potencias y la amenaza de errores de cálculo o incidentes provocados que puedan desencadenar una mayor espiral de confrontación. En este escenario, la República Dominicana se encuentra particularmente vulnerable, con su soberanía cuestionada y su estabilidad interna erosionada por la corrupción y el malestar social.












